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Creados para vivir en conexión

El mundo nunca había estado tan conectado. En los últimos años, las empresas de comunicación han habilitando millones de kilómetros de fibra óptica y también han lanzado satélites al espacio para mejorar la experiencia de la comunicación a través de la tecnología. Toda ésta infraestructura ha hecho que la comunicación digital sea tan eficiente, que hasta un niño podría enviar un mensaje de texto a cualquier parte del mundo en cuestión de segundos. Sin embargo, a pesar de tanta facilidad tecnológica, es muy frecuente que las personas se sientan cada vez más desconectadas de su entorno.

 

Sería muy difícil negar que el estilo de vida agitado,  ha causado estragos en nuestras forma de relacionarnos con los que están cerca. Por ejemplo, vivimos tan ensimismados que llegamos a ser capaces de cerrar el portón de nuestro garaje y entrar a nuestra casa sin saludar al vecino de al lado. La sensación de estar al mismo tiempo cerca, pero a la vez tan lejos, nos incomoda porque como seres humanos, fuimos creados para relacionarnos. De hecho, una de las primeras cosas que Dios recalca, es: "No es bueno que el hombre esté solo". El diseño original de Dios muestra que los humanos no fueron creados para el aislamiento. ¡Fuimos creados para vivir en conexión!

 

Uno de los propósitos cruciales de nuestra vida aquí en la tierra, es ayudar a otros a revertir ese extraño sentido de desconexión. Probablemente hay personas en nuestro entorno, que se sientan totalmente desconectados a la vida y que no están conectadas a nosotros de manera significativa. La Biblia nos dice mucho acerca del porque Dios quiere que nos conectemos unos con otros. También nos da una idea de lo que debería ser nuestra misión en la vida, y de lo eficientes que somos para eliminar la plaga de la desconexión en nuestra sociedad.

 

Pablo les muestra a los efesios el fundamento de la vida en conexión: “Por su unión con Jesucristo, ustedes también forman parte de ese edificio, en donde Dios habita por medio de su Espíritu”. (Efesios 2:22 TLA). El ser humano esta destinado a encajar con otro, como un ladrillo en un edificio. Es sumamente importante que las partes de un edificio encajen para que no colapse. Esta metáfora nos debe enseñar que, si alguien esta pasando por un momento duro, nuestra conexión con ellos les proporcionará apoyo como esos ladrillos que mantienen firmes a los mas impresionantes rascacielos.

 

No debemos olvidar que lo que Jesucristo hizo cuando estuvo en la tierra, lo quiere hacer hoy a través de nuestra vida. Somos sus manos. Somos sus pies. Somos parte de algo más grande que nosotros mismos, y si nos desempeñamos en nuestro papel específico de conectar a otros con el amor y el propósito de Dios, marcaremos un antes y un después en la vida de alguien. Incluso, si alguna persona pudiera decirnos que les estamos compartiendo solo un sistema de creencias, debemos estar convencidos que lo que estamos dando es mucho más. Existimos para vivir en un sistema de pertenencia, donde estamos conectados unos con otros al amor y al propósito de Dios. ¡Estamos todos juntos en esto! Que nada ni nadie nos impida hacer nuestro mayor esfuerzo para conectar a nuestra familia, amigos, compañeros a la experiencia más grande que hemos vivido: vivir en conexión con Dios y con sus hijos.

¿Qué sucede cuando le doy mi corazón a Cristo?

Cuando una persona hace la oración de fe e invita a Jesús a vivir dentro de su corazón, experimenta una serie de sucesos. Cada uno de ellos, son el comienzo de una revolución interna que al que cabo de un tiempo, muestran externamente el fruto de haber decidido entregar su vida al Señor.

 

Una de las primeras cosas que suceden dentro de nosotros, es que encontramos la paz interna, es decir, dejamos de preocuparnos por todo lo que no podemos controlar. Reducimos la velocidad de nuestro caminar en la vida, empezamos a confiar en nosotros y en los demás. Sabemos que nuestro corazón está en un lugar seguro, y encontramos consuelo al saber que Dios nunca nos dejará. Nos damos cuenta de que hemos estado confiando en cosas o en las personas equivocadas y en lugar de sentirnos confundidos tratando de entender el mundo, encontramos calma y paz.

 

Dar nuestro corazón a Dios marca el principio de una nueva vida, un nuevo propósito, un nuevo sentido de uno mismo. Significa hacer a un lado nuestras preocupaciones, día tras día, para confiar en su guía. Significa que no tenemos que temer por lo que sucederá. Sabemos que no importa lo que pase, bueno o malo, Dios nos cuida y nos lleva a donde se supone que debemos estar. Dios ha prometido protegernos y fortalecernos en su palabra.

 

Como resultado de entregarle nuestro corazón a Jesús, comenzamos a ver a las posesiones como algo que no define nuestro valor. Se arraiga dentro de nosotros la idea de valorar las relaciones que nos edifican, incluyendo la relación con nosotros mismo. Comenzamos a ver el valor de nuestra personalidad, y el impacto en la forma en que amamos y nos conectamos con los demás. Nuestra felicidad no se basa en lo bien que nos ha ido en la vida, sino en permitir que Su propósito de lleve a cabo en nosotros. Por tal razón, todo lo que Él nos proporciona, nos deja una sensación de satisfacción.

 

Habrá días en los que tengamos la sensación de retroceso. Pero cuando recibimos a Dios en nuestro corazón, sabemos que Él es quien lucha por nosotros. Que, como papá, nos brinda su apoyo para siempre. Claro, podría haber incertidumbres de las situaciones difíciles, pero también tenemos la seguridad que no estamos solos y que todos los días nos fortaleceremos con su amor. Todos los días el Señor nos recordará nuestro poder que tenemos en Él.

 

Finalmente, cuando decidimos entregarle nuestro corazón a Jesús, nos encontramos con el padre que nos estaba buscando. En ese momento, fuimos tocados por Su gloria, y fortalecido por Su espíritu. Si bien, hasta ese momento el amor terrenal había tocado nuestro animo, nunca pudo sanarnos, salvarnos o bendecirnos como lo hizo el amor de Dios. Aquel día cuando Cristo vino a nuestro corazón, se quedó a vivir en el mejor lugar del universo; ese fue el mejor momento donde nos hizo experimentar el amor en todo su esplendor por primera vez.

Que nada te detenga

No importa lo que estés enfrentando en tu vida, ninguna de estas cosas te descalifica para seguir adelante.Cuando enfrentamos situaciones difíciles tenemos la tendencia a abandonar lo que hemos empezado, no nos gustan las dificultades ni los problemas y por ello perdemos oportunidades que quizás nunca se vuelvan a presentar. La vida está llena de retos y de desafíos, las cosas que verdaderamente valen la pena son aquellas en las que las circunstancias nos exigen esforzarnos y levantarnos ante todo viento contrario.

La Biblia tiene una historia en José, el hijo amado de Jacob, el patriarca de Israel. Desde pequeño él recibió un trato especial por parte de su padre y diríamos que de parte de Dios también. Se le conoce como José el soñador, porque en varias ocasiones Dios le había revelado a través de sueños cual era el destino que Él tenía preparado para su vida. José enfrentó adversidades y nunca se quejó, nunca maldijo el día en que llegaron a su vida los problemas. ¿Qué, fue entonces, lo que sí hizo José? He aquí tres cosas que José hizo en su vida y que nos pueden dar una enseñanza muy grande al enfrentar adversidades.

PRIMERO: Los problemas y dificultades nunca deben detenernos.Se realizó una encuesta entrevistando a 300 líderes de clase mundial, desde W. Churchill, A. Einstein, M. Tacher, etc. El 70% de ellos venían de familias rotas, pobres o algunos de ellos tenían alguna incapacidad física. En algún momento de sus vidas tuvieron que levantarse sobre esas situaciones y esas forjaron su carácter.Las tragedias en nuestras vidas no tienen por qué detenernos, levantémonos por encima de ellas y alcancemos nuestras metas.

SEGUNDO: Dios estaba con Él.Esta es la segunda cosa de importancia que aprendemos de la vida de José, Dios estaba con Él. Podemos tener ideas, principios, conocimiento, pero lo más importante en nuestras vidas es tener la presencia de Dios.La única manera de saber que Dios está vivo, es cuando lo experimentamos.

TERCERO: Estaba dispuesto para servir.Después de haber sufrido por años la tragedia de ser vendido como esclavo por sus hermanos, de ser acusado falsamente, de querer abusar de la esposa de su amo, de ser enviado a la cárcel y de ser olvidado por sus compañeros de prisión; él nunca perdió el ánimo para el servicio.La Biblia dice que cuando estaba en prisión, " todo lo que se hacía allí, el lo hacía". Limpiar, tener en orden a los demás prisioneros, ayudar, servir, lavar letrinas, "todo", José lo hacía. Él no se sentó a lamentarse por su condición, ni se levantó en contra de sus opresores, simplemente SERVÍA. Todo lo que se necesitara hacer en esa prisión no tenían que pedirle o mandarle, José simplemente lo hacía. Esta actitud fue la que lo hizo grande delante de Dios y de los hombres.Así que levántate sobre tus problemas, asegúrate que Dios esté a tu lado y pon manos a la obra, que Dios tiene una gran recompensa para ti. 

ORACIÓNPadre en el cielo, gracias porque tu mano esta sobre mi vida, y en los tiempos de dificultad me sostienes. Enséñame qué es lo que quieres de mi y fortaléceme para levantarme por encima de mis problemas y que mi corazón esté dispuesto a servir por completo a ti.

Decisiones correctas, planes seguros

 

Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro. Es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar! Con la mano derecha ofrece larga vida; con la izquierda, honor y riquezas. Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz. Ella es árbol de vida para quienes la abrazan; ¡dichosos los que la retienen!

Prov. 3:13-18

 

La vida está llena de decisiones, algunas de ellas son de vital importancia. En muchas ocasiones necesitamos la ayuda de alguien más para decidir correctamente; la Biblia nos dice: "en la multitud de consejeros habita la sabiduría..." (Prov. 11:14).

Debemos esperar que Dios derrame de su SABIDURÍA en cada uno de nosotros para que decidamos correctamente y alcancemos nuestras metas, en el libro de Santiago 1:5 dice: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, Y LE SERÁ DADA". Quiero resaltar estas últimas palabras porque ellas reflejan lo que nosotros creemos y además dice que será de forma abundante.

La SABIDURÍA ve todo desde la perspectiva de Dios, esto significa que nosotros sabremos cuándo y cómo usar el conocimiento que tenemos, para que alcancemos aquello que nos hemos propuesto. He aquí algunos consejos que te pueden servir para alcanzar la sabiduría:

1.- Teme a Dios: "El principio de la sabiduría es el temor del Señor..." (Prov.1:7)

 

2.- Agrada a Dios: "Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría..." (Ec. 2:26)

 

3.- Escucha a Dios cada día. "Porque Dios da la sabiduría y de su boca viene el conocimiento..." (Prov. 2:6)

 

4.- Ora a Dios. Mantén un canal de comunicación abierto con Dios todos los días a través de la oración, eso te ayudará a tomar excelentes decisiones.

 

5.- Acepta los consejos de Dios. "Hijo mío no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos..." (Prov. 3:1)

 Si entregamos nuestro corazón a la sabiduría de Dios ésta llegará a nosotros y alcanzaremos ¡la vida, la prosperidad y la honra!

 

OraciónPadre, en el cielo, te pido que traigas a mi vida sabiduría de lo alto para tomar decisiones correctas y poder alcanzar mis metas y mis sueños. Decido buscarte y acercarme para poder escuchar tu voz, para que seas mi guía y abrazar tu sabiduría. En el Nombre de JESÚS. Amén.

 

David Meneses

 

 

 

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