La pluma del Director

La familia, una gran idea de Dios

 

Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles, y desde el principio de los tiempos cuando creó este mundo visible puso en ella a una pareja, un hombre y una mujer, dando así inicio al fundamento de la familia de acuerdo a su plan. Les ordeno ser fructíferos y multiplicarse, llenar la tierra y gobernarla ( Génesis 1:28). Poniendo así las bases de un gobierno teocrático en la tierra al estar, Adan y Eva sometidos a Dios.

La desobediencia al mandato de Dios ocasionó una serie de conflictos al interior de esa primera familia, mismos que se han repetido a través de la historia humana.

Cuando Jesús aparece en esta tierra; El restableció el gobierno teocrático en la misma, quitándole toda autoridad a Satanás, y otorgándoselo a aquellos que creen y confían en Él. Es mas, como las familias hoy son sanadas y restauradas por el poder de Dios que vive en cada uno de sus miembros, dando la gloria a Dios en todo tiempo.

Para que la familia funcione de manera normal, Dios estableció un orden de autoridad con ciertas instrucciones para cada miembro de la misma. Y el orden es asi: Cristo cabeza del varón; el varón cabeza de la mujer y Dios la cabeza de Cristo ( 1 Corintios 11:3).

Pablo, también escribiendo a la iglesia en Efeso instruyó acerca de la familia viviendo bajo el Espíritu, asignando un roll a cada miembro de la familia. El texto lo encontramos en Efesios 5:21- 6: 4 Donde le asigna una serie de responsabilidades a cada uno.

Al varón le ordena AMAR A SU ESPOSA COMO CRISTO AMA A LA IGLESIA. 

ESTA ES una gran responsabilidad para el hombre que tiene que estar dispuesto a darlo todo por amor a su mujer, como Cristo la amo entregándose a la misma muerte para salvar a la iglesia. Es un amor sin condición, sacrificial, al punto de darle todo el lugar a la esposa antes que a él. Que gran diferencia existe entre un amor así y lo que culturalmente se enseña , donde se tiene a la mujer solo como un objeto donde el dueño de todo es el hombre. En Cristo, el hombre es enseñado a amar a su esposa como a su mismo cuerpo y cuidarla tratándola como a caso más frágil ( 1 Pedro 3:7).

A la mujer el apóstol le instruye a someterse a su marido y respetarlo en todo. 

Cuan complicado es el término “someterse”, pues este ha sido muy mal usado y mal interoretado por los hombres. Una mujer cuando es amada, respetada, tratada como a vaso más frágil no tiene ningún problema para respetar uy obedecer a su marido porque sabe que él quiere lo mejor para su vida. El sometimiento no es esclavitud es un acto voluntario producido por el amor manifestado día a día.

A los hijos Dios les manda que obedezcan a sus padres pero da una razón muy importante: porque es el primer mandamiento CON PROMESA.  Cuando los hijos obedecen a sus padres la promesa es que les irá bien en todo. Que gran promesa hay para todos aquellos que son hijos. Les conviene ser obedientes pues siempre les irá bien.

Pero también le dice a los padres que no provoquen a irá a sus hijos, esto podemos interpretarlo como que su trato con ellos debe ser amable y firme . Cuando una familia es guiada por el Espíritu Santo  vive de esta manera y trae honra a Dios.

Bendiciones amada familia de la fe.

Seamos como niños

 

Para entender la figura del niño utilizado por Jesús en Mateo 18 es importante saber que viene del griego Paidión que significa entre otras cosas: hijo

Y hablar de hijo es hablar de una identidad, no de una edad. Este importante dato nos enfoca en una descripción menos dispersa sobre la enseñanza que Jesús dio a sus discípulos al poner a un niño como ejemplo.

Si bien describir a un niño en todos sus aspectos y virtudes propios de una edad tan importante en la vida del ser humano, proporciona una riqueza de cualidades dignas de resaltar y de recuperar en nuestra vida adulta, tales como la inocencia, transparencia en las emociones, aprendizaje constante, el disfrute del tiempo, entre muchos otros; cuando analizamos la identidad de hijo las cosas cambian y se vuelven características más específicas , ya que se suma un elemento de parentesco y por lo tanto una dependencia paternal.

Los discípulos le preguntan: 

“¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?  “

La pregunta fue muy concreta y la respuesta de Jesús también. Ellos estaban interesados en averiguar cómo se desarrollan las cosas en ese reino anunciado por su Maestro, una duda bastante lógica y trascendente, ya que, si ellos estaban dejando todo por anunciar la llegada de ese Reino, debían estar seguros de conocerlo. ¿Quién es el que tiene más influencia, poder, decisión, quién dice las ordenes, a quién obedecen las legiones celestiales?

Y Jesús, sin titubear, llamó a un niño, que seguramente siguió a su familia para recibir algo de Jesús, y lo puso en medio de ellos, hizo esto para que no existiera duda alguna y contemplaran al cien por ciento la figura que usaría para contestarles.

“ Les digo la verdad. “  Con esta frase introductoria , Jesús usó la Verdad como instrumento que traería Libertad a sus pensamientos , es decir, rompería con paradigmas y estructuras mentales arraigadas en el corazón de sus discípulos.

Los discípulos sabían perfectamente que Dios, el Padre, era y es la cabeza de todo, el que tiene la autoridad y el poder, sin embargo, aún no tenían claro la posición de ellos en el reino, ni su identidad como hijos de Dios.

a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo.”  En otras palabras, lo que Jesús dijo fue: si enfocan su corazón a Dios y adoptan la identidad de hijos, podrán experimentar todo lo que Dios tiene para ustedes. 

Mientras ellos no adquirieran esa identidad difícilmente podrían realizar la gran comisión ya que irían a predicar el evangelio a todos los rincones de la tierra, es decir, a los gentiles, toda una multitud de hombres y mujeres que no conocían a Dios y que por lo tanto eran como huérfanos. 

Ahora tu y yo sabemos que a través de Cristo fuimos adoptados por Dios, y como sus hijos ya no existe incertidumbre en nuestra vida, tenemos un futuro glorioso en Dios somos coherederos con Cristo y todos sus recursos están a nuestra disposición.

Ahora somos humildes como ese niño que depende totalmente de su Padre, sabe que vive seguro bajo su mano y que Él se encargará de suplir todas sus necesidades.

Ahora somos obedientes como ese niño que sabe que Dios le amó tanto que dio a su Hijo por nosotros, ahora ya no obedecemos por miedo a ser castigados sino que nuestra obediencia está basada en el amor.

Ahora como niños imitamos a nuestro Padre, así como Jesús lo hacía, todo lo que veía y escuchaba decir al Padre era lo que él hacía en esta Tierra.  

Ahora creemos como niños porque sabemos que tenemos un Padre fiel que cumple con cada una de sus promesas, nunca nos decepcionará, podemos depositar toda nuestra confianza en Él.

 

Por Jorge Aburto

 

El poder de la resurrección

Quienes practican la natación saben que no hay nada más reconfortante que dar una bocanada de aire después de haber agotado las fuerzas braceando para romper la resistencia del agua. Algo semejante sucede en nuestra vida de fe cuando experimentamos el poder de la resurrección. No importa cuánto hayamos batallado por mantener firme nuestra fe frente al embate de la enfermedad, el desánimo, el miedo y el pecado, podemos estar seguros de que el Espíritu que da vida nos llenará de nuevo de fuerza y poder para vencer toda la resistencia que nos presenta el mundo. 

El poder de la resurrección es una expresión de la naturaleza divina que nos confirma el amor que Dios tiene por la humanidad; puesto que es mediante este poder que Jesucristo fue levantado de la muerte por la acción del Espíritu. Esta declaración, fundamental para nuestra fe, lo pone todo en perspectiva: la capacidad que Dios tiene para darnos salvación, su voluntad para librarnos del pecado y de la muerte, y la autoridad que nos ha sido conferida para ejercerla. 

Pero los creyentes muchas veces nos vemos distraídos del alcance de este poder por las circunstancias que vivimos. El temor o el desánimo que nos ciegan nos hacen olvidar lo importante. Ensimismados en los problemas, nuestro ánimo comienza a decaer y nuestra fe comienza a ser atacada por las dudas. ¿Y que tal si Dios no me está escuchando?, o ¿Que tal si ya fui olvidado por Él? O incluso nos preguntamos si en verdad nuestra fe puede mover la montaña que está frente a nosotros. 

Ante estos cuestionamientos, que muchos de nosotros hemos tenido, y que son expresión de nuestra naturaleza humana, podemos responder con las verdades que hemos aprendido de La Palabra. Entenderemos entonces que el Espíritu que da vida nos ha librado del poder del pecado.

Y también avivaremos la fe cuando recordemos que no estamos dominados por nuestra naturaleza pecaminosa sino por el Espíritu de Cristo, y este espíritu no nos esclaviza al miedo, sino que nos liga a Dios como hijos que están ligados al Padre, tal como lo ha explicado el apóstol Pablo en su carta a los Romanos.

De modo que, encontrando el fundamento de La Palabra, aprenderemos que tenemos acceso ilimitado al poder que Cristo ha depositado en nosotros. Este poder nos ha sido dado para librarnos del poder del pecado(Romanos 8:2); para vivificar nuestros cuerpos mortales (Romanos 8:11), es decir, traer sanidad y fuerza en sentido físico y material; para confirmarnos que somos hijos de Dios (Romanos 8:16); para liberar a la creación del poder de la muerte (Romanos 8:21); para ayudarnos en nuestra debilidad (Romanos 8:26) y para darnos la victoria absoluta (Romanos 8:37) sobe cualquier circunstancia. 

Así que no podrá faltarnos nada a quienes estamos en Cristo. Y nada podrá dañarnos porque estamos en Cristo. No hay ningún poder que pueda separarnos del amor de Dios, porque el poder de la resurrección es la más grande manifestación de ese amor, y ese poder reside en nosotros, los que estamos en Cristo.

Por Luis David Meneses

Por su sangre

 

Sin lugar a dudas, la Pasión de Cristo de Mel Gibson, fue el largometraje más comentado por los espectadores debido a su naturaleza gráfica. Por primera vez, se mostraba en la pantalla grande la brutalidad, el derramamiento de sangre, y la tortura sobre el Hijo de Dios. Solo el individuo más insensible podría ver esta película y no tener una respuesta emocional.

 

La sangre de Cristo es particularmente prominente a lo largo de la película. Desde un charco de sangre que cubría el suelo después de su flagelación hasta el flujo de sangre que brotó de su costado en la cruz. ¡Su sangre se veía por todas partes! 

 

Pero, ¿Cuál es el significado de la sangre de Cristo? A pesar de que la película no responde a esta pregunta con claridad, la Biblia, sí lo hace. En primer lugar, la Palabra de Dios nos indica que no puede haber perdón de pecados sin el derramamiento de sangre (hebreos 9:22).  

 

La muerte de Jesús fue algo más que el asesinato sin sentido y cruel de un hombre inocente a manos de una turba judía equivocada. ¡La muerte de Jesús fue el medio de Dios para proveer redención para toda la humanidad! Con Su muerte, Jesús pagó el castigo por los pecados de la humanidad de una vez por todas.

 

Por su resurrección, Él derrotó a la muerte y se ganó el derecho de proporcionar la salvación eterna a todos los que la reciban libremente. 

 

En términos de perdón, El sacrificio de Jesús resuelve adecuadamente el problema del pecado de la humanidad. Por lo tanto, la sangre de Cristo motiva a los cristianos a reflexionar sobre el significado completo del sacrificio expiatorio de Jesucristo (1 Pedro 2:24).  El propósito de esa sangre derramada, no solo era redimir a la raza humana del poder y la desesperanza del pecado, pero también prepararnos para recibir el mayor acto amoroso de Su parte; adoptarnos como sus hijos.

 

Por lo anterior, Pablo afirma:

Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley.  Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos (Gálatas 4:4-5). 

 

En estas fechas de reflexión, la pregunta obligada es: "¿Dónde entra uno en contacto con la sangre de Cristo?"  Una persona no puede literalmente ir a Jerusalén a una colina llamada Monte Calvario y encontrar allí a Jesús sangrando. Uno no puede de manera literal estar allí, al pie de la cruz y tomar algo de Su sangre derramada y aplicarla a sí mismo.

 

Por lo tanto, no hay una manera literal y física para que las personas entren en contacto con la sangre real de nuestro Señor. Sin embargo, la lectura de Apocalipsis 1:5 afirma el que Cristo, nos lavó de nuestros pecados con propia sangre. Dios no permitiría que Su Hijo derramara Su sangre y luego no proporcionar los medios para que la humanidad entrara en contacto con esa sangre de alguna manera. Hay un camino y solo un camino: la fe.  

 

Por otro lado, también cabe destacar que, al derramar Su sangre, Cristo allanó un camino para llevarnos de regreso a Dios el Padre. Antes, no había acceso. El pecado cerró la puerta a la presencia de Dios. Pero, ¿Cómo efectuó Cristo este regreso con Su sangre?  Jesús cumplió el pacto que Dios hizo con Moisés al morir en la cruz (Efesios 2:12,14-15) y colocó a todos los creyentes por la fe en un solo cuerpo; la iglesia. Él abrió la vía de acceso por Su muerte en la cruz, proporcionando la reconciliación y el regreso a Dios. 

 

Para resumir, la sangre de Cristo es importante primeramente porque con ella, Jesús compró el perdón de los seres humanos (1 Pedro 1:19). La sangre de Cristo limpia a las personas del pecado (hebreos 9:14) y permite tener una perfecta accesibilidad a Dios. 

 

Como miembros del cuerpo del Señor, nunca olvidemos la importancia de la sangre derramada. ¡La sangre de Cristo, tiene poder! 

 

Por Marlon Hernández

Sé ejemplo

 

El ejemplo es una enseñanza transmitida a otros de diferentes maneras. Es mediante este como llegamos a influenciar a un determinado grupo de personas, principalmente los más cercanos a nosotros. Así como el aprendizaje en la vida es un proceso continuo, con nuestra forma de vida daremos ejemplo constante educando para bien o para mal. 

Los hijos de Dios tenemos la responsabilidad en primer lugar de tomar las enseñanzas de Jesús, quien se distinguió por manifestar amabilidad, compasión, respeto, confiabilidad, obediencia, disciplina, fidelidad, honestidad, transparencia, generosidad, humildad, justicia, paciencia, ser pacifico, veraz, valiente y otros muchos aspectos de conducta que nos dejó como ejemplo para seguir sus pasos. En segundo lugar, debemos transmitir estas enseñanzas a otros. 

 

El apóstol Pablo en la epístola dirigida a Timoteo, le dice:

“Enseña esas cosas e insiste en que todos las aprendan. No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza. Hasta que yo llegue, dedícate a leer las Escrituras a la iglesia, y a animar y a enseñarles a los creyentes”. (1ª Timoteo 4:11-13 NTV)

 

Pablo pide a Timoteo que se mantenga firme en sus convicciones y persevere en su ejemplo hacía los demás apegándose a las escrituras.

 

Como podemos ver en este pasaje para dar ejemplo no importa la edad. Un buen ejemplo radicará en la madurez que iremos alcanzando conforme pongamos en práctica las enseñanzas de la palabra de Dios. Para ello debe existir congruencia entre nuestras palabras y nuestra forma de vivir, la cual debe reflejar el amor de Dios fluyendo hacía los demás, con una fe determinada que muchas veces va a ir en contra de la corriente y enseñanzas de este mundo.

 

Por lo tanto, tenemos el compromiso para que el resto del mundo vea a Jesús a través de nuestras vidas. Nuestro propio ejemplo juega un papel importante porque es la estafeta que pasaremos a las siguientes generaciones. 

 

Así es que te animo sé ejemplo de bien y no de tropiezo para los que siguen tus pasos.

Por Sergio Velázquez 

Sabias y diligentes en las finanzas

 

De acuerdo con el Observatorio Internacional de Salarios Dignos en 2020, el trabajo de las mujeres vale cerca de 60,000 millones de pesos diariamente. Las mujeres son mayoría en el sector de comercio, el cual es de los más importantes para nuestro país.

 

Al ser parte de la economía de nuestros hogares, siendo parte de la provisión, incluso como la principal o única proveedora de este, Dios nos llama a ser mujeres sabias y diligentes en las finanzas. 

 

Un ejemplo de esto lo encontramos en Proverbios 31:16-18 en el pasaje de la mujer virtuosa, que nos dice: 

“Va a inspeccionar un campo y lo compra; con sus ganancias planta un viñedo. Ella es fuerte y llena de energía y es muy trabajadora. Se asegura de que sus negocios tengan ganancias; su lámpara está encendida hasta altas horas de la noche.”

Así como la mujer virtuosa del pasaje que es inteligente y precavida en sus trabajos, inversiones y planeaciones nosotras también podemos empezar a serlo practicando lo siguiente:

 

  1. Confiar en DiosAsí como nos describe todo el pasaje de la mujer virtuosa en proverbios 31, en todo tiempo y en todas las áreas de nuestra vida Dios nos hace un llamado a confiar en él. Esto incluye el aspecto financiero personal o de nuestras familias. Filipenses 4:19 NVI dice “Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.” Cuando nuestra confianza está puesta en Él podemos estar tranquilas porque sabemos que nuestro Dios proveerá lo necesario para nosotras y para nuestras familias. Poner en las manos de Dios nuestro trabajo, proyectos, emprendimiento y todo aquello que aporte valor a nuestros hogares, esto incluye el trabajo no remunerado en las labores domésticas, es el paso principal para estar en el camino de la sabiduría en el manejo de nuestros recursos financieros.   
  1. Administrar los recursosLa mujer virtuosa nos muestra como compró un campo y las ganancias de ese campo las invirtió en un viñedo, además el pasaje nos enseña que tenía más negocios en los que se aseguraba de tener ganancias. Podemos ver en ella un ejemplo excelente de administración. Así como ese ejemplo, tú y yo podemos administrar los recursos que tengamos en nuestras manos para que estos sean usados de una manera sabia y eficiente. 

 

Así que antes de aventarnos al ruedo a administrar nuestras finanzas o las finanzas de nuestra familia primero tenemos que confiar en Él, en que Dios es nuestro proveedor y Él es el que nos da  la sabiduría para poder administrar los recursos que tenemos en nuestras manos.

Por Rubí Orellán

Nacidas para vencer

 

En la Biblia encontramos la historia de una mujer, hija de un líder, Acsa, a quien la vida le planteó tomar un papel importante para sus futuras generaciones. En Josué 15:16-19 podemos leer que Acsa era la hija de Caleb, un príncipe del pueblo de Israel.

 

El destino de Acsa queda sellado cuando su padre la ofrece en recompensa al hombre que logre conquistar parte del territorio y para ello tenía que vencer antes a los gigantes de Anac, quienes eran los moradores de aquellas tierras.

 

UNA MUJER CON DESTINO

El destino que Caleb  había preparado para Acsa tal vez no tenía nada de fácil, ella debía dejar su tierra, sus conocidos y trasladarse junto con el que ahora era su esposo a conquistar una nueva tierra. 

 

Acsa fue una mujer decidida porque ella enfrenta este reto con valentía y decisión al prepararse para el viaje y dejar atrás su vida para afrontar las nuevas circunstancias que se le presentaban.

 

Como Acsa cada uno de nosotros enfrenta retos diarios en donde podemos decidir actuar con valentía y salir delante de las circunstancias en las que nos encontramos.

 

APRENDIENDO DE LA FE

Acsa fue criada en la fe de ver la Tierra Prometida y esperar por ella, perseverar y pelear hasta obtenerla. Ella conocía la historia de su pueblo, de su propia familia.

 

Ahora que ya la tierra ha sido conquistada por Otoniel llega el momento en que Acsa tiene que marcharse con su esposo y éste la convence de hacer una solicitud a su padre, pues si bien tenían las tierras éstas requerían de agua para su cultivo y vida. Por lo que se necesita una fuente de agua permanente.

 

Acsa se levanta como una mujer de fe al solicitar a su Padre las fuentes de agua. El Padre le concede las fuentes de arriba y las de abajo. Esto garantizaba el futuro para la familia de Acsa y Otoniel.

 

La fe en tu interior te mueve a afrontar tus propios temores y a buscar más allá de una sola respuesta. 

 

La fe te mueve a actuar en favor de las generaciones que vendrán en un futuro, tú no solo trabajas por el presente, sino por el porvenir de tus generaciones.

 

Hemos sido llamadas para vencer, estamos en esta tierra para ser mas que vencedoras.

Así que, como Acsa seamos mujeres decididas, obedientes y con una fe firme de lograr alcanzar las promesas de Dios, porque ello nos asegura un futuro para nosotras y nuestra descendencia.

 

Por Eunice Hernández

 

Palabras que sanan

 

Seguramente has escuchado o leído que las palabras tienen poder, un poder para dar vida o muerte, para levantar o destruir, para sanar o herir. Mientras leemos la Biblia y vamos conociendo a nuestro Señor, podemos ver que sus palabras tienen un poder creativo y que éstas imparten vida a todos aquellos que las reciben.

 

Estas palabras pueden traer sanidad al que está enfermo pero también al que está dolido en el alma. Podemos estar confiados en que si nos acercamos a Dios Él siempre tendrá palabras de vida, palabras de sanidad y amor para nosotros.

 

“Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna.” Juan 6:68 NTV

 

La palabra transforma

 

Cuando recibes la palabra de Dios en tu vida con fe, serás transformado y renovado en tu ser interior y esto se manifiesta en lo externo, en tu ánimo, tu manera de ver la vida, tus relaciones interpersonales. Muchas veces cargamos con el pasado, con situaciones o eventos de la vida que nuestra mente finita no alcanza a comprender, otras veces esas heridas se han formado por relaciones rotas o decepciones; todo esto puede traer a nuestra vida resentimiento y amargura que la mayoría de veces afecta la manera de interactuar con los demás, pero también cobran factura en nuestro cuerpo, limitando nuestra vida. 

 

Cuando somos confrontados con la verdad de la palabra de Dios, podemos ver con claridad nuestra verdadera condición y la necesidad de que Dios intervenga para sanarnos y restaurarnos.  

 

En Jeremías 33, Dios le muestra al profeta el futuro de su pueblo, que a pesar de que la ciudad estaba sentenciada a juicio, a desolación y ruina. Dios les da palabras cargadas de seguridad y esperanza. 

 

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” Jeremías 33:6 RVR

 

Ellos serían sanados, limpiados y restaurados por la gracia y misericordia de Dios.

 

Hay buenas noticias

 

La buena noticia es que Dios hoy quiere sanar, quiere curar y restaurar la vida de aquellos que le buscan. Una de las promesas de Dios es que, si clamamos a Él, Él responderá y nos revelará cosas grandes y ocultas que no conocemos (Jeremías 33:3). Dios te mostrará el futuro glorioso que tienes en Él. Permite que el Espíritu Santo obre en ti, vivificando su palabra en tu vida.

 

Y la situación que alguna vez te causó dolor, la adversidad que alguna vez te lastimó o quizá alguna enfermedad física que alguna vez te mermó la salud, ya no tendrá autoridad sobre ti. De manera que esto puede ser el testimonio que otro necesita escuchar, las palabras de sanidad que los enfermos necesitan oír. Hay tantas personas en necesidad que requieren escuchar lo que Dios ha hecho contigo.

 

Comparte lo que Dios ha hecho en ti para que otros sean sanados. Dios quiere que seas un testimonio de su bondad y gracia para los que te rodean. 

 

Somos anunciadores de buenas noticias para los enfermos, para los dolidos, para los que no tienen esperanza. Debemos hablar de lo que Dios ha hecho con nosotros, que nuestra voz se escuche proclamando alegría, gozo y gratitud por su bondad (Jeremías 33:11). Para que otros también reciban palabras que sanan y dan vida.

 

Por Soleida Hernández Alonso

Creadas a su imagen y semejanza

¡Es igualito a su papá! ¡Habla como su mamá! ¡Son como dos gotas de agua! Éstas son algunas de las expresiones que usamos comúnmente para decir que una persona se parece mucho a otra. Es innegable que los hijos tienen rasgos físicos de sus padres, así como hábitos y conductas aprendidas propios de la convivencia diaria. 

Genesis 1:26 dice:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

 

Relación-identidad-acción

De la misma forma como nos parecemos a nuestros padres terrenales, cada una de nosotras ha sido creada a la imagen y semejanza de Dios, el hecho de saber que Dios es nuestro padre nos da la seguridad de que tenemos una identidad, es decir, tú y yo somos como Dios es, pensamos, hablamos y hacemos las cosas que él hace.

Relación-identidad-acción, es decir, cuando me relaciono con Dios, me identifico con él y como resultado actuó como él. De tal forma es tu relación con tu padre celestial que cualquier persona que te vea pueda ver también a Dios. 

Ser más como Él 

El mundo necesita de personas como tú y como yo que reflejen la auténtica identidad de Dios. Cuando permitimos que nuestra vida sea gobernada por el Espíritu Santo estamos dejando de lado al viejo hombre (con sus vicios y pecados) para vestirnos del nuevo, que ha sido creado por Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:22-24). 

Reflexiona un momento en las siguientes preguntas ¿Qué podría decir de mi una persona que no conoce a Dios? ¿Mis pensamientos, palabras y acciones reflejan lo que Dios es? Si tus respuestas no son positivas, te animo a que en este tiempo estreches tu relación con Dios y permitas que su Santo Espíritu te muestre aquellas áreas de tu vida que necesitan reflejar más a Dios.

La creación espera la manifestación gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:19) cuando tu identidad como hija de Dios se muestre, el entorno en el que te encuentras cambiará radicalmente, las personas verán a Dios a través de ti y de esta forma podrás conectarlos con su amor y su propósito.

 

Por Karla Aguilar Pérez

Cordón de tres dobleces

“¡Triunfó el amor!” Es una de las frases consentidas de los autores que escriben historias de tipo drama- romántico, en donde los protagonistas viven una sucesión de eventos y desafíos que los conducen a crecer y superarse como personas para, al final, terminar juntos y felices. 

Sin duda cuando leemos estas historias o las vemos a través de una película o serie, genera una falaz sensación de identificación, y no es para menos, pues el cien por ciento de las parejas casadas tienden a vivir situaciones problemáticas en menor o mayor medida, pero con seguridad todos los matrimonios las enfrentan.

Sin embargo, una película de dos horas no es suficiente para describir la GRAN experiencia del matrimonio, y si, cabe resaltar la palabra “Gran” ya que a pesar de los altibajos que se presentan en la historia de un matrimonio, para las familias de fe, representa una oportunidad de vivir diariamente la victoria y el éxito de Cristo.

Un matrimonio exitoso es aquel que tiene como fundamento el conocimiento y aplicación de los principios de Dios. Él está interesado en bendecir familias, sanar sus corazones e impulsarlas a la dimensión de lo sobrenatural. 

El tercer participante

Sin duda dos cabezas piensan mejor que una, pero cuando el Espíritu Santo entra como un tercer participante en un matrimonio, las cosas cambian.

Eclesiastes 4:12

Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente.”

Estar espalda con espalda al enfrentar una prueba no significa estar de acuerdo en todo, ni tampoco se trata de eliminar las diferencias que puedan existir en la pareja, si no de aprovecharlas para bien, resolviendo los conflictos usando ambos puntos de vista. Se trata de un trabajo en equipo. 

Pablo nos recuerda en Romanos 15:5 que la paciencia y ánimo son necesarios para vivir una vida plena y en armonía. Aceptarse tal y como Cristo nos ha aceptado es la clave, es decir, sabiendo que el punto de vista del otro es tan aceptable como el nuestro y que el convenio siempre resultará a nuestro favor. 

Cuando dejamos que el Espíritu de Dios tome el control de la situación, él se encarga de poner paz en los corazones, estableciendo las verdades del cielo que nos pertenecen a través de Cristo y de esa forma la victoria ante la adversidad está garantizada.

El peor enemigo del matrimonio: el egoísmo

En Filipenses 2, Pablo a través de cuatro preguntas nos enseña lo necesario para generar convenios:

1)     Saber que pertenecemos a Cristo. Es decir, fuimos comprados con su sangre y que ahora pertenecemos a la familia de Dios.

2)     Dejar que su amor incomparable consuele nuestro corazón.  Dejando a un lado la posición de derrota y dejarse impulsar y tomar la victoria a través de la fe.

3)     Tener una genuina comunión con el Espíritu de Dios. Permaneciendo conectados a través de la oración, de la lectura de su palabra, congregándose, etc.

4)     Y tener un corazón tierno y compasivo. Sintiendo la necesidad del cónyuge como si fuera nuestra. Hablando las cosas con amor y no dejando que la ira o el enojo tomen el control de la situación.

Cuatro puntos fundamentales para dejar a un lado el egoísmo, interesándonos intencionalmente en la necesidad del otro, así como Cristo lo hizo con la humanidad cuando estuvo en esta tierra.

Deja que Dios tome el control de tu matrimonio, Él pondrá el deseo y el poder en los corazones para actuar conforme a su voluntad y potenciarlos para llegar a su propósito. 

 

Por Jorge Aburto 

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