La pluma del Director

¿Por qué Dios no me responde?

¿Has pasado por momentos en tu vida, en los que por más que ores, no encuentras respuesta de parte De Dios?

Si tu respuesta es si; ¿Cómo te has sentido? ¿ Qué pensamientos cruzaron por tu mente? 

 

Seguramente tuviste algunos de estos pensamientos: 

  • ¡Dios no me ama, no me responde y solo tengo este gran silencio!
  • ¿De verdad existes Dios?¿Dónde estás cuando más te necesito?
  • ¿Qué pasa? ¿No soy tan bueno para que me contestes? 

Y así podríamos seguir pensando, tratando de buscar la causa por la cual Dios no responde a tu clamor. Algunos pensamientos pueden acusar a Dios, otros te acusan a ti y quizás otros ataquen a tus líderes.

 

Pero sea cual sea el pensamiento que te asalte, la falta de respuesta siempre te deja en una posición débil en cuanto a tu fe.

A través de este escrito trataré de responder la pregunta : ¿Por qué Dios no me responde?

 

Primero quiero dejar bien en claro que los oídos de Dios siempre están abiertos a la oración de sus hijos, El lo declaró así en Su Palabra. En el Salmo 34:15 dice:”Los ojos del Señor están sobre los justos, sus oídos están atentos a su clamor”( NTV). Dios siempre escucha nuestras súplicas, ruegos y oraciones pero no todas las contesta; ¿por qué? Pueden existir varias razones:

1. No es el tiempo adecuado para responder tu petición

En Eclesiastés 3:1 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del sol tiene su hora”. Muchas veces nuestro clamor y oración a Dios se da porque tenemos una emergencia, algo urgente en nuestra vida. Y claro que cuando las cosas son urgentes para nosotros queremos que Dios nos responda de la misma manera. Y muchas veces Dios está utilizando esa situación o circunstancia para llamar nuestra atención y que volvamos nuestro rostro hacia Él. Y así pasa el tiempo, cuando Él responde no es el tiempo en el que nosotros lo queríamos.

 

2. Es un tiempo de prueba de nuestra fe

Si, porque Dios prueba nuestra fe. El ejemplo que podemos ver en la Escritura es en Genesis 22, en este capítulo Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo  como una prueba de que su amor y obediencia hacia Él son incondicionales. 

Era un momento difícil, las pruebas eso es lo que son. 

 

El apóstol Pedro nos enseña que “Dios nos protege con su poder” hasta que recibamos su salvación pero mientras tanto estas pruebas demostrarán si nuestra fe es auténtica. ( 1 de Pedro 1:5-7).  Aunque te parezca que Dios no te está respondiendo en realidad lo que está sucediendo es que tu fe está siendo probada para que salga en alabanza, gloria y honra para tu vida.

 

Porque pedimos  mal

En los momentos difíciles muchas veces no te acercas  a Dios con humildad, la actitud que tenemos es pensar : " como Tú eres Dios y Tú todo lo puedes, tienes que contestarme". Es verdad que su palabra nos enseña "Que todo lo que pidamos en Su Nombre Él lo haría "pero debes tener la actitud correcta, pedir con humildad.

 

Santiago, el apóstol, nos dice:

"Dios se opone a los orgullosos, pero brinda su ayuda a los humildes".

Por eso obedezcan a Dios. (Santiago 4:6b-7). 

Cuan importante es tener una actitud correcta cuando te acerques a Dios, Él es bueno y misericordioso.

 

Porque lo que pides es diferente a lo que Dios tiene para tu vida.

Dios tiene un plan y un futuro para tu vida, así lo declara el profeta Jeremías en 29:11, pero muchas veces tú quieres que Dios se adapte a tus planes y no tú adaptarte a los planes de Dios. Entonces ¿qué debo hacer? 

 

Lo más importante es que estes en comunión con Él diariamente, que seas obediente a su palabra y a la voz de Su Espíritu dentro de ti. 

 

Dios ha prometido guiarte todos los días de tu vida, así que en los momentos de prueba o dificultad tú sentirás y verás como Dios te guía.

 

Dios siempre tiene para ti algo mejor de lo que tu estás pidiendo. Abraham pedía un solo hijo, ese era su clamor a Dios, pero Dios le respondió que "su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo".

 

CONCLUSION.

Lo que Dios busca de ti es que confíes en el de todo tu corazón, de toda tu mente y con todas tus fuerzas. Que Creas que Él hará lo mejor para tu vida en todo tiempo. Si permaneces creyendo de esta manera aunque su respuesta tarde, está llegará.

 

 

 

Cuando los hijos se van

 

Muchas familias han pasado por el momento traumático, cuando un hijo abandona el hogar; son momentos de angustia, temor, frustración y todo un cúmulo de emociones encontradas.

La edad más común en la cual los hijos abandonan el hogar paterno es durante la adolescencia, que son los años de mayor rebeldía, y donde suceden constantemente cambios físicos, mentales y emocionales.

Es por eso por lo que suelen surgir bastantes conflictos entre padres e hijos, y puede ser que para los chicos estar en casa con sus progenitores suponga un problema, por lo que deciden que la mejor opción es marcharse de hogar.

Esto supone un acto de rebeldía y rechazo ante la autoridad que significa la figura Paterna. Irse de casa es una forma de protestar.

Los motivos por los cuales un hijo adolescente decide irse de casa pueden ser muchos, casi siempre esta decisión no es madurada, sino fruto de un acto rebelde sin pensar en las consecuencias que se derivarán de esta acción. 

Algunas de las motivaciones que llevan a un adolescente a marcharse de casa pueden ser:

  • En respuesta a un estilo de educación autoritario, en el que los padres imponen sus normas sin más.
  • La separación de los padres también puede ser el motivo para que el adolescente huya de esa situación que para él/ella resulta desagradable.
  • En otras ocasiones puede ser porque sientan vergüenza por algo que hayan hecho y no quieren enfrentar.
  • Por el simple hecho de llamar la atención de sus padres, porque necesiten más cariño y atención.
  • Aun las situaciones de adicción cada vez más frecuentes, son motivo para abandonar el hogar.

En Lucas 15: 11-32 encontramos la parábola del hijo pródigo, es decir un joven que se va de casa, nos enseña tres puntos importantes qué los Padres debemos hacer cuando tenemos un hijo pródigo.

Deje que asuma las consecuencias

Lo que finalmente salvó al joven en la parábola fue que llegó a tal punto de desesperación en su vida que empezó a desear ardientemente lo que sabía que podía encontrar en la casa de su padre.Como padres, hemos pasado toda una vida facilitando el camino a nuestros hijos, sin embargo, en algunas oportunidades, debemos hacernos a un lado, aunque sea un poco y permitir que aprendan las lecciones de la vida, pues algunas veces el dolor es parte del proceso de crecimiento.

Viva el perdón

Perdone a su pródigo. Lo cierto es que debemos perdonarlos aun cuando continúen hiriéndonos. ¿Cuál es la alternativa contraria al perdón? El rechazo. Este generalmente trae consigo aislamiento, amargura y un fuerte distanciamiento de aquellos a los que intentamos atraer. El perdón nos permite continuar amando.

 A pesar de la desilusión, respalde, y confirme su amor incondicional

Hagamos del hogar ese lugar acogedor al que nuestros hijos pródigos quieren regresar. ¿Qué piensan sus hijos cuando van camino a casa, y han tenido dificultades en la escuela o problemas personales?, ¿quisieran desaparecer?, ¿tienen temor de regresar a la casa?, o ¿saben que, en lugar de ser juzgados, podrán llorar en nuestro hombro y ser consolados?

La religiosidad señala, condena, juzga y critica. Jesús come con los pecadores, se compadece de ellos, los busca, los toca, los abraza, los consuela, y los perdona. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero. Es con este amor que debemos amar a nuestros pródigos.

Matrimonios inmunes al Covid

 

 

La llegada del Covid cambió drásticamente la vida y la rutina en nuestros hogares. Después de tantos días en confinamiento, muchas personas se han sentido ansiosas, inseguras y estresadas ​​mientras tratan de adaptarse a una vida de encierro. Es de esperar que tarde o temprano, los miembros de la familia manifiesten su frustración a las personas que viven en casa. El ejemplo mas común es el roce entre las parejas. De entrada, el matrimonio ya está llenos de desafíos pero ahora el virus ha agregado un factor de tensión mayor a la vida marital.  

Para muchos, estar juntos en casa todo el día parecía una bendición, pero a la larga ha dado paso a malentendidos e interacciones disfuncionales incluso, para los matrimonios que ya venían cargando en el pasado con unas serie de desacuerdos, sus problemas personales se han magnificado. 

Mantener un matrimonio saludable e inmune durante la cuarentena,  debe ser una alta prioridad para todas las parejas. Hay que aclarar que no hay respuestas fáciles ni soluciones rápidas para este mal así que, debemos ir a la palabra de Dios para saber cómo crecer y resolver este asunto. Si bien no podemos controlar lo que sucede fuera de nuestro hogar con la amenaza del Covid, sí podemos ejercer una influencia positiva en lo que pasa dentro de nuestro hogar. Recordemos que nada puede entrar a nuestras casas si nosotros no le damos autoridad para que entre así que, veremos algunas cosas que nos ayudarán a qué nuestro matrimonio se fortalezca en los tiempos de Covid. 

La oración

Durante esta pandemia nos dicen constantemente que nos protejamos lavándonos las manos, sin tocarnos la cara y practicando el distanciamiento social. Sin embargo, estas tareas no necesariamente nos protegen de la angustia emocional, mental y espiritual que estamos enfrentando. Esta es la razón por la cual la oración es tan crítica en este momento. La oración siempre nos sitúa fuera de las circunstancias para recordarnos que el control de todo lo tiene Dios. Pablo enseñó esto a los Filipenses a quienes exhortaba a no vivir en ansiedad, sino en una vida de oración con el fin de que Dios guardará su corazón y su mente (Filipenses 4:6-7). La oración es la primera protección para nuestro matrimonio.

Por otro lado, hemos escuchado acerca del equipo de protección personal para cuidarse del virus. Elementos como cubrebocas, guantes y otros equipos de protección se usan como medios de defensa. También debemos de usar elementos para proteger nuestro matrimonio y que nos garanticen crear un ambiente seguro y de paz. Algunos elemento son: 

Hacer pausas

Cuando aumentan las tensiones, hay que hacer una pausa y respirar. Al pausar, debemos orar pidiendo a Dios que nos ayude a calmarnos y que podamos mostrar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) a pesar de sentirnos frustrados, enojados o ansiosos. 

Después de este tiempo, elige una respuesta que fomente la paz.  

Ser cariñoso

¡Las reglas de distanciamiento social no aplican al matrimonio! Como pareja, hay que tomar un tiempo para conectarse y ser afectuoso en las interacciones diarias. Para vivir bien, debemos desarrollar el hábito de abrazarse por la mañana cuando nos despertamos y despedirse de manera cariñosa antes de irse a dormir por la noche. Sobre todo se debe apartar un tiempo para estar a solas, ser agradecidos y reírse mucho. 

Interactuar virtualmente con otros

Conectarse con amigos o familiares a través de FaceTime, Zoom, o una simple llamada telefónica ayudará a disminuir la tensión. Es crucial para la salud emocional estar  en contacto con las personas que son importantes para nosotros y no están en casa. También se puede interactuar de manera virtual en reuniones o estudios Bíblicos donde las personas pueden orar entre sí y hablar de su vida espiritual. En Amistad de Xalapa, hay reuniones en esta modalidad todos los días de la semana. 

Perdonar de inmediato

Debido a que somos humano, es inevitable que en algún momento durante estos días podamos decir o hacer algo que pueda lastimar a nuestro cónyuge. Tan pronto como sucedan las cosas, el ofensor debe disculparse rápidamente. Para que esto funcione, la parte ofendida también debe ser rápida para perdonar. Esto ayudará a que la relación vuelva a la normalidad y evitemos que el maligno dañe aún más la unidad (Efesios 4:32).

Al responder a todos los desafíos de manera constructiva y sobre todo, de la mano de Dios, nuestro matrimonio sobrevivirá y será inmune durante la cuarentena del Covid-19.

Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios (Marcos 10:27 ).

No tengo fe

 

Quizás te encuentras en un momento de tu vida en el que no sabes qué creer; como si las situaciones que estás viviendo y las decepciones por las que has pasado estuviesen confirmando lo que ya temías hace tiempo: no hay hacia dónde voltear, ni a quien recurrir, porque nadie ha venido en tu ayuda. Temes que nadie vendrá. Poco a poco has llegado al punto en el que te dices a ti mismo: no tengo fe. 

En tiempos así solemos buscar hasta debajo de las piedras las señales que nos ayuden a resistir un poco más; abrimos en nuestro corazón la última oportunidad para que el cielo intervenga y nos confirme que hay un Dios; recurrimos a las fórmulas y los rituales conocidos por un poco de esperanza. Y muchas veces todo esto fracasa. No tengo fe, te repites. 

A veces percibes el resultado de la fe de otros y piensas que algo debe estar mal contigo. ¿Por qué ellos sí reciben una respuesta y yo no? ¿Será que se engañan a sí mismos y todo es obra de la casualidad? A veces te convences de que esto último es cierto y prefieres voltear hacia otro lado. No tengo fe, le dices a otros.  

En este momento te pregunto: ¿en realidad no tienes fe?, ¿o simplemente no te acomodan las formas en las que otros practican la fe? Si puedes confiar en que de verdad sucederá lo que esperas, entonces tienes algo de fe. Algunos tienen fe en sí mismos, otros tienen fe en la ciencia, o en los gobiernos; hay, incluso, quienes tienen fe en que todo saldrá mal. Todos tenemos fe, y a todos nos mueve la fe; pero a veces gastamos mucho de esta fuerza enfocándola en resultados negativos, porque es más fácil perdernos en nuestros errores que celebrar nuestros logros; porque cada proyecto exitoso es resultado de muchos errores que tuvieron que ser corregidos. 

Ahora te propongo algo: cambiemos el enfoque con el que se valora la fe. Así como el éxito no se mide sólo por la gloria alcanzada en la cima, la fe no se mide sólo por las respuestas favorables obtenidas a las peticiones hechas; la fe tampoco se mide por las opiniones de otros o lo que alguien más reciba; y mucho menos por el temor de que la maldad acabe con nosotros o nuestros proyectos de vida. 

Pero vayamos un poco más allá: cambiemos el objeto de la fe. Quizás ponerla en ti mismo ha sido útil para algunas situaciones; para otras, la fe en la ciencia; incluso para algunas, la fe en los gobiernos. Pero una fe que puede crecer aún a pesar de la adversidad es la que ponemos en Dios; por el simple hecho de que todo lo demás es pasajero, y se acaba, pero Dios permanece. Si antes el Dios de la tradición o de los rituales defraudó tus expectativas, ¿qué te parece comenzar la búsqueda de un Dios en quien puedas depositar tu confianza? Alejado de atavismos, tradiciones viejas o rituales inútiles, Él está buscando la forma de atraerte hacia su corazón diciendo: “No tengas miedo, confía en mí. Yo tengo para ti un futuro y una esperanza.”  

 

LDMH

Confianza en Dios

 

Comunión es relación, es caminar juntos, es compartir toda la vida, es mirar al mismo lugar. Y en esta unión gloriosa, todo lo que es de Dios es para nosotros a través de la herencia gloriosa que tenemos como hijos de Dios. Esto nos demuestra que el Reino de los Cielos es un reino de comunión y de confianza, Dios cree en nosotros y nos ha confiado su Reino; de igual manera, nuestra fe crece al confiar en Dios y nos apropiamos de la vida sobrenatural para enfrentar nuestra realidad.  

Dios siempre te ha buscado, te busca constantemente y te buscará donde tú estés para experimentes la manifestación de su presencia. Satanás a través del pecado siempre querrá destruir la comunión y la confianza que mantenemos con Dios; sin embargo, Cristo ha venido a restaurar la comunión, autoridad, posición, identidad y herencia para cada creyente que ha creído y confesado a Jesucristo como su Señor y Salvador. Ese fue el mensaje principal de Jesús aquí en la tierra “El reino de los cielos se ha acercado” “El reino de los cielos está entre ustedes”. Jesús vino a ser la garantía del cumplimiento del mensaje y que todo el cielo estaría disponible para los que creyeran en Dios a través de Jesús. 

Dios nos invita a sentarnos con Él a la mesa a cenar, a tener amistad, intimidad y confianza (Apocalipsis 3:20). Las mejores relaciones se forjan compartiendo alimentos, nos habla de compartir la vida juntos; Dios nos acerca a su corazón para tener comunión con Él, transformar nuestra vida y reiterarnos su amistad. El rey David había vislumbrado esta gran verdad al declarar “El Señor es mi pastor y nada me faltará”. La confianza en Dios es la manifestación de nuestra fe en Dios y la posición legal de relacionarnos con nuestro Padre celestial. La confianza en Dos no se basa ni siquiera en nuestra experiencia o conocimiento, se basa en amor e identidad, en relación e intimidad. 

Jesucristo celebró junto a los discípulos tan trascendente comunión en una cena final antes de ir a la cruz. Ésta, la conocemos como la Cena del Señor. Ahora, entendamos algo; Jesús estaba a punto de celebrar la cena más importante de la historia junto a sus discípulos. En esta cena se iba a sellar un Nuevo Pacto de parte de Dios para todo aquel que crea en Dios a través de Jesús.

Los judíos celebraban La Pascua, que Dios instituyó a través de Moisés, la cual celebraban una vez al año, se juntaban por familias y era el recordatorio anual de que Dios los había libertado de la esclavitud al pueblo de Israel de Egipto. Cuando se celebró La Pascua por primera vez, estaba sucediendo algo increíble dentro de las casas del pueblo de Israel (Éxodo 12:3). Israel estaba naciendo como nación y se convertiría en familia de Dios, a través de un pacto sellado con la sangre de un cordero sin mancha por familia.

Las familias estaban cenando alrededor de una mesa, donde el platillo principal era un cordero por familia; por fuera de la casas, estaba viniendo un juicio de muerte para Faraón y Egipto; y la sangre del cordero estaba sobre los dinteles de la puertas y ventanas (Éxodo 12:22-25). Es importante resaltar que se sacrificaba un cordero por familia. Eso nos habla del interés que Dios tiene de cada uno de nosotros y del cuidado personal sobre nuestras familias. Esta cena simbolizaba el Pacto de Dios con su pueblo; para unirlos a Él y llamarlos su familia, no en multitudes dispersas sino en individuos que serán ahora familia por el precio de sangre. 

Los pactos se sellaban o ratificaban  a través de la sangre de un animal, en este caso (la demanda de Dios era un cordero sin mancha y sin defecto que sería un símbolo del sacrificio de Jesús aquí en la tierra); era el pacto de salvación y redención, que Dios celebraba con Israel. Este pacto es la unión de dos partes, donde Dios se comprometía en liberarlos, salvarlos y llevarlos a la Tierra Prometida; y por otra parte, Dios exigía al pueblo que se comprometiera en seguirle y amarle todos los días de su vida.  

La Pascua era una cena de liberación, era una cena de salvación, era una cena de compromiso, era una cena de identidad y era una cena de pacto, de confianza y de unión. Como mencionamos anteriormente, Jesús estaba a punto de celebrar e instituir algo totalmente nuevo; sellar un Nuevo Pacto y La Pascua era un símbolo de lo que realmente Dios haría a través de Jesús, para que todos entendiéramos que él hace nueva todas las cosas (Mateo 26:17-20)

Ahora sabes que Dios te sienta a la mesa para celebrar las nuevas cosas que son y vendrán a tu vida a través de su gracia. Dios quiere cenar contigo y tener comunión, para que tu confianza en Él crezca ¿Qué es lo que alimenta tu vida? ¿Qué es lo que te sacia realmente? ¿Qué es lo que produce un deleite permanente en tu espíritu? Cada día que te sientas a tener comunión con Dios disfrutaras de su banquete y su provisión, y tu confianza en Dios crecerá.

Regresemos al relato de la cena del Señor. Para Jesús era toda una emoción celebrar esta cena (Lucas 22:15-16), era una cena, no un ritual o un “bocado sagrado”, eran símbolos (el pan y el vino) de su entrega total y el sello de su sangre, y sin lugar a dudas la realidad de nuestra gran salvación donde Jesús era el “plato principal”. Era el cumplimiento de un Nuevo Pacto, con mejores promesas, mayor intimidad y una plena confianza de relacionarnos con Dios a través de la fe en Jesús que nos da el derecho legal de ser hijos de Dios. 

La confianza se basa en un pacto.

Ya mencionamos que la Cena celebraba un pacto, se ratificaba o sellaba con sangre; ahora Jesús está sentado con sus discípulos para hacerlos su familia y presentarlos delante de Dios como sus hermanos; este cuadro parece contrastar en ese preciso momento con la traición de Judas. Lo contario a la confianza es la traición. Pero observe el cuadro completo; Dios resalta la importancia del pacto con Dios que son las relaciones; la relación con Él y la relación entre nosotros. Ese el mismo propósito de la Cruz. Dios levanta las relaciones sobre todas las cosas; ese es el Nuevo Pacto.

En este Nuevo Pacto Dios nos salva del pecado y de una vida centrada en nosotros mismos, nos une a su sacrificio y nos da vida juntamente con Él anulando el juicio del pecado sobre nuestras vidas para darnos una vida eterna. Lo que más le estremece a Jesús no es el sufrimiento físico de la cruz, ni las burlas del mundo, sino la fractura de las relaciones, tanto con Dios como con “los suyos” en la tierra. Jesús siente el dolor hasta por la pérdida de su amistad con Judas, porque lo amaba; de hecho, era el discípulo en que más se confiaba, prueba de ello era que Judas era el tesorero de Jesús. En este amor y confianza podemos darnos cuenta que Dios cree en nosotros y tiene fe invertida en cada uno. Respondamos a nuestro pacto con Dios. 

La confianza se demuestra al vivir agradecidos con Dios

La gratitud a Dios siempre nos va a tener conscientes en nuestro diario vivir del precio de nuestra gran salvación. Jesús nos enseñó que siempre que celebráramos esta Cena lo hiciéramos en memoria de Él. Dice el dicho “el recordar es vivir”. No olvides de dónde Dios te ha sacado, no olvides que el cambio tú vida, no olvides que él nos rescató a tiempo, nunca olvides el alto precio que vale tu vida, no olvides los milagros y las maravillas que ha hecho en ti. Vales cada gota de la sangre de Cristo, tienes que vivir a la altura de este gran sacrificio. Si vives agradecido nunca mirarás atrás. La gratitud nos lleva a valorar, nos mete al gozo y nos lleva a disfrutar cada bocado de misericordia que Dios para nuestras vidas. 

Conclusión

Confiar es amar, amar es creer, creer es vivir y vivir es experimentar. Que puedas experimentar cada día tu plena confianza en Dios al caminar todo los días de tu vida como un verdadero hijo de Dios,  y aunque el mundo esté el terror y la muerte, Dios guardara tu vida en plena seguridad.  

Unión familiar

 

 

“¿Cómo puedo tener una familia unida?”, “Por más que lo intento las cosas no mejoran en casa”, “la mejor solución será separarnos”, “Cuento más con ustedes amigos, que con mi propia familia”; estas y muchas otras son las frases y dudas de quienes han vivido alguna crisis familiar. La constante búsqueda de la clave para garantizar el bienestar y la tranquilidad de los nuestros, ha propiciado la distorsión del concepto de una familia feliz y unida, al de una familia perfecta y sin problemas.

En estos días, el confinamiento voluntario ha revelado que la unión familiar tampoco consiste en estar todos encerrados en un mismo espacio las veinticuatro horas del día, por el contrario, los casos de violencia familiar y separaciones van en aumento. Por lo tanto, la respuesta a esta gran incógnita parece que no está en lo tangible, ni en lo que podemos lograr con nuestros esfuerzos.

Josué antes de morir ya dilucidaba ese “algo” tan poderoso e indestructible, que más tarde, en palabras del mismo rey Salomón describiría como propósito.

 

El propósito de Dios es lo único que prevalece después de que nuestros planes parecen destruidos. (Proverbios 19:21)

 

Josué instó a todo el pueblo de Israel la importancia de vivir todos sus días sirviendo al Señor, así como él y su familia lo hacían, en otras palabras, dibujó la ruta para que todas las familias experimentarán el poder, los milagros, el respaldo y protección de Dios. Y el pueblo decidió hacerlo así. (Josué 24:14-28)

 

El entendió que una familia con propósito y visión de parte de Dios es indestructible, ya que todos juntos caminan con un mismo rumbo y enfoque.  Ni la crisis más severa, ni la enfermedad, ni la distancia, ni todas las artimañas del enemigo podrá derrumbarla, ya que está cimentada en una certeza: ¡Su propósito se cumplirá!

 

¡Gloria a Dios!

 

¿Quieres saber más acerca de esto?  Echa un ojo a los evangelios y comprueba como Jesús vino a redimirnos y a establecer los planes de bendición que Dios tiene para todas las familias que decidan depender de Él.   Oramos para que Su propósito sea revelado a tu vida.

 

 

Dios tiene el control

 

¡Qué fácil es hablar de fe cuando todo marcha bien; cuando somos bendecidos y el sol brilla sobre nosotros; cuando vemos la respuesta a todas nuestras oraciones! En esas situaciones la gente nos mira y piensa que la fe es sólo un accesorio que llevamos puesto a ratos. Algunos, incluso, se atreven a corregirnos cuando mencionamos el favor de Dios en nuestras vidas: “Es suerte”, “Buen karma”, “Energía positiva” o “La ley de la atracción”, nos dicen. Y nosotros sonreímos y a veces preferimos no discutir; otras veces reafirmamos que todo es posible gracias a Dios, pero muy difícilmente logramos convencer a otros de esta verdad.

Y luego están los tiempos difíciles, esos en los que el cielo parece clausurado con una placa de metal indestructible; cuando la bendición no fluye o cae en el vecino, o peor, en el malvado; cuando la oración no es contestada y en cambio todo se desmorona. Entonces los mismos que proclamaban nuestra suerte, el buen karma, la atracción del pensamiento positivo, llegan para increparnos: “¡A ver, muéstrame a tu Dios! ¿Acaso no te ama?”, nos acusan. Y nosotros lloramos y a veces preferimos no discutir; otras veces les creemos a ellos y confrontamos al cielo, pero muy difícilmente logramos convencernos a nosotros mismos de que Dios cuida de nosotros. 

Y sin embargo así es: Él cuida de ti y de mí en todo momento; aún en medio del quebrantamiento de nuestro corazón; incluso cuando todo se sale de lo planeado, Él tiene el control. En este tiempo en que la salud de todo el mundo está en peligro; justo ahora que tu situación económica pende de un hilo; en medio de todos tus temores por la violencia que se hace patente hasta en tu círculo cercano; aún entre toda dificultad o con todo el mundo en contra, puedes tener la seguridad de que Dios tiene el control de las situaciones que te rodean, y de tu vida misma. 

 

Él prometió que nunca nos dejaría, que siempre estará con nosotros. Incluso el salmista, que experimentó toda clase de adversidades, lo ha cantado:

 

El Señor es como un padre con sus hijos, 

tierno y compasivo con los que le temen. 

Pues él sabe lo débiles que somos; 

se acuerda de que somos tan solo polvo. 

Nuestros días sobre la tierra son como la hierba; 

igual que las flores silvestres, florecemos y morimos. 

El viento sopla, y desaparecemos 

como si nunca hubiéramos estado aquí. 

Pero el amor del Señor permanece para siempre 

con los que le temen. 

¡Su salvación se extiende a los hijos de los hijos 

de los que son fieles a su pacto, 

de los que obedecen sus mandamientos! 

 

(Salmos 103:13-18)

 

Toma esta promesa: que la salvación de Dios está disponible para ti y para los hijos de tus hijos; para todos aquellos que son fieles a su pacto. En medio de la adversidad, en medio del día malo, recuerda que Dios es fiel y él tiene el control de generación en generación. Que Dios te bendiga abundantemente hoy, mientras tomas la promesa de Su Palabra. 

 

La importancia de bendecir a nuestros hijos

 

Sin lugar a dudas, nuestros hijos están expuestos a diversas voces que los bombardean a diario. En su mayoría, dichas voces contienen un mensaje tóxico y es difícil no absorber algunos de esos mensajes negativos. Como padres, debemos ser la voz del cielo, con una palabra de Dios para sus vidas, además debemos echar mano del poder de la oración para que ellos reciban diariamente una bendición. ¡Orar y bendecir a nuestros hijos, puede cambiarlo todo!

Recordemos que los niños son aprendices inherentes, abiertos y ansiosos por recibir los mensajes que escuchan, para descubrir quiénes son y de qué se trata la vida. Cada mensaje que dejan entrar a su corazón va a formar lo que se conoce como identidad así que, debemos proporcionar las palabras que les ayuden a construir los cimientos que necesitan para combatir las flechas destructoras que se les acercan todos los días. Lo mejor que podemos hacer, es decirles diariamente quienes son ellos en Cristo, que dice Dios acerca de ellos, y cuál es la voluntad del Señor para sus vidas según las Sagradas Escrituras. 

En la vida familiar, en especial con los hijos, hay una correlación entre su desempeño con la  frecuencia que escuchan bendiciones de sus padres. 

Una bendición va más allá de un comentario positivo, es una oportunidad para abrir nuestros ojos espirituales y declarar la verdad sobre alguien: ¡la verdad de Dios!

Hoy más que nunca debemos reconocer este principio y comprender la importancia de impartir bendiciones a los hijos que Dios nos dio. Puede ser una oración que algún personaje realizó, un pasaje o versículo específico, o las hermosas palabras de aliento que están registradas en las profecías Biblias. Las bendiciones también se pueden pronunciar sobre nuestros hijos con el propósito de declarar la protección, el gozo y la sabiduría de Dios sobre ellos. Nuestras palabras de bendición los alentarán además, Dios será exaltado y glorificado.

La Palabra de Dios está llena de ejemplos de bendiciones. En el Antiguo Testamento, Dios mismo le dijo a Moisés cómo tenían que bendecir a los israelitas:

Números 6: 22–26

22 Jehová habló a Moisés, diciendo:

23 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:

24 Jehová te bendiga, y te guarde;

25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;

26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. 

 

A medida de lo posible, cuando bendiga a sus hijos, ponga su mano sobre su hombro y aliéntelo a mirarlo fijamente a los ojos. También, animelos a extender sus manos como si estuvieran recibiendo un regalo. Después bendigalos con todas sus fuerzas. 

Las bendiciones son más efectivas cuando se hacen de manera regular: no tenemos que esperar momentos espirituales elevados. Podemos hacer de estos tiempos, parte de nuestras rutinas matutinas cuando ellos salen de casa o cuando se van a la cama todas las noches. Estás serían las primeras y las últimas palabras que escucharían cada día; palabras de vida. 

Estos principios no son solo para hijos pequeños. Los hijos de todas las edades necesitan la bendición de sus padres. Incluso si tiene nietos, use todo lo que está en sus manos para recordarles lo mucho que Dios les ama y las grandes cosas que tiene para ellos.

Finalmente, si no sabe por dónde empezar, use las Escrituras. Encuentre versículos que transmitan el mensaje y el aliento que desea impartir, y luego agregue el nombre del niño a la Escritura. Por ejemplo: 

(Nombre de su hijo), deja que tu luz brille ante los demás, para que puedan ver tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en el cielo. (Mateo 5:16)

A medida que sus hijos son bendecidos, dígales que también tienen la oportunidad de ser una bendición para los demás. Aliéntelos a compartir libremente la alegría y el amor que han recibido de Dios.

Confíele su vida a Dios

 

Cuan difícil es para nosotros enfrentar problemas y situaciones adversas. Siempre que estas se presentan vienen acompañadas de sentimientos y emociones negativas, tales como el temor ,la angustia, la desesperación, la ira; si no las sabemos controlar se vuelven destructivas y pueden ocasionar ,en cada uno de nosotros, graves daños.

Estudios en el campo de la medicina han encontrado  una relación entre cierto tipo de enfermedades con emociones negativas como la angustia, el miedo, la ira.( " Emociones negativas y su impacto en la salud mental y física " Piqueras Rodríguez ,José Antonio;Ramos Linares, Victoriano; Martinez González, Agustín Ernesto;  Oblítas Guadalupe, Luis Armando. Fundación Universitaria Konrad Lorenz. Bogotá , Colombia)

¿Qué tenemos que hacer los creyentes?

El apóstol Perro nos da un gran consejo : " Confíenle su vida a Dios, quien es su creador, pues El nunca les fallará " ( 1 de Pedro 4:15 Biblia NTV).

A través de la Biblia y la historia del pueblo De Dios podemos leer como el Señor Dios siempre estuvo con ellos en los momentos difíciles  y nunca les falló.

He aquí dos ejemplos: Cuando salieron de Egipto y eran perseguidos por el ejército del Faraón , Dios abrió el Mar Rojo para salvarlos y librarlos así de la muerte.

En otra ocasión, ante el temor que les produjo saber que iba a ser atacados por un poderoso ejército el rey Josafat y toda la nación de Juda se volvieron a buscar el rostro De Dios en ayuno y oración; Dios les contestó dándoles una gran victoria haciendo que los soldados enemigos se atacaran entre  y  muriendo todos en el campo de batalla. La Biblia dice que los judíos tardaron tres días en recoger el botín de guerra.

En el Nuevo Testamento también podemos leer como Jesús de Nazareth llamo a un ciego que le daba de gritos para ser atendido por él.Cuando Jesús llamo al ciego , le pregunto;¿ Que quieres que te haga? _ El ciego contestó: Señor que vea; y al instante recupero la vista.

Si El salvo a su pueblo en el pasado y sano al ciego cuando se lo pidió, seguro estoy que Él hará lo mismo por ti.

Solo tenemos que seguir el consejo del apóstol Pedro: " Confíenle su vida a Dios, quien los creo, pues El nunca falla"

Dios les bendiga. 

Soñar en tiempos de crisis

 

 

¿Recuerdas cuando fue la última vez que tu boca se llenó de risa?  ¿Cuándo fue la última vez que entonaste cantos alegres? Quizás fue en tu ultimo cumpleaños o inclusive, en la pasada navidad. Ya sea que fuese ayer o hace mucho tiempo atrás, todos hemos tenido un día en el cual, se desbordó de completa alegría nuestro corazón. Ahora, alguno podrá decir que éstos momentos lo que menos se manifiesta en las calles es alegría, sin embargo, no todo esta perdido. En el Salmo 126 es evidente el paso que transita el pueblo de Israel de un lugar de desesperación a un lugar de paz. Del cautiverio, al lugar del cumplimiento.

 

Cuando atravesamos momentos de profundo dolor, el Salmo 126 es una medicina efectiva para el alma debido a que lleva un poderoso mensaje de esperanza. El texto nos hace ver que los tiempos de problemas y penas no duran para siempre. También afirma que Dios convierte el dolor en alegría y las lágrimas en risa. Incluso nos dice qué se debe hacer mientras esperamos el tiempo de la respuesta del Señor. 

 

Las palabra de Dios nos enseña que recordar las cosas buenas que algún día nos hicieron sonreír, es una forma poderosa de enfrentar los problemas en el presente. Dios nos hace ver que la vida alguna vez fue buena, y que va a volver a serlo. También, debemos tener claro que muchas de las satisfacciones del pasado, llegaron porque alguna vez las soñamos. Vivimos en carne propia lo que dicen los hombres de fe: si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Sabemos que son momentos difíciles pero, cuando los días buenos vuelvan, cuando veamos un pequeño vislumbre de mejoría, ¡alegrémonos, es el tiempo de la restauración! La actitud que tuvieron los israelitas, es la misma para para nosotros hoy: En tiempos de crisis, debemos soñar. 

 

Cuando Dios te entrega algo grande, al principio parece que todo es un sueño. Por ejemplo, los judíos habían experimentado setenta largos años en cautiverio, y luego, en un momento, Dios cambió las cosas. ¡Estaban en estado de shock! No podían creerlo. Era demasiado bueno para ser cierto. Al leer el texto, hasta podemos imaginar algunos de ellos diciendo: Alguien me pellizca, debo estar soñando. Era imposible regresar a la tierra santa. Pero no era mentira, ¡Dios lo había hecho! Ahora estaban de regreso en Jerusalén, en Sion, el lugar donde Dios habita con su pueblo. Precisamente esto es lo que nos depara en los próximos meses. El cumplimiento de lo imposible. Ver a Dios restablecer el orden, la salud y la paz en nuestro entorno.

 

El habito de soñar nos ayuda a reconocer cómo Dios nos ha ayudado en el pasado. Y luego, en segundo lugar, nos da confianza en que Dios va hacerlo de nuevo. La historia Bíblica nos dice que los cautivos estaban de vuelta en Jerusalén, pero aún quedaba mucho trabajo por hacer. Necesitaban reconstruir el templo y reconstruir los muros. Enfrentaron el desánimo desde adentro y la oposición desde afuera. Dios había obrado una gran liberación con ellos en el pasado. Ahora necesitaban confiar en que él iba hacerlo nuevamente. Para empezar,  necesitaban soñar en esa ciudad reconstruida y visualizarse como parte importante de la restauración de todo Israel. 

 

Este es un momento donde necesitamos orar no solo por nosotros sino por todo nuestro entorno. Orar para que Dios nos haga soñadores en tiempos de crisis. El regreso del cautiverio para Israel fue algo que solo Dios podía hacer. Y de la misma manera, nuestra restauración como nación, es algo que solo Dios puede hacer. Hay que soñarlo, hay que verlo, hay que creerlo. ¡Lo juró, lo hará; escrito está!

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