La fe de un niño es atrevida, sincera, apasionada, sin temores ni dudas y muy poderosa; un niño todo lo cree, pero también todo lo cuestiona, además es un gran imitador de su entorno, de la gente que lo rodea y de lo que ve y escucha.

 Es por esta razón que Jesús puso como ejemplo a un niño cuando sus discípulos le cuestionaron acerca de ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? (Mt.18:1-11).

Su respuesta resalta la gran responsabilidad de instruir espiritualmente a tus hijos, nietos, sobrinos, alumnos, etc. la siguiente generación de adoradores que establecerá la Gloria de Dios en esta tierra.  

La pregunta es ¿Cómo lo hacemos?

  • La grandeza de los niños  

Lo primero que debemos reconocer es que Dios no tiene el mismo concepto de grandeza que nosotros. Mientras en el mundo se le da mayor importancia a lo superficial y brinda reconocimiento a las cualidades o aptitudes de alguien; Dios ve lo profundo de nuestro interior. 

No debemos subestimar el poder que hay en la oración hecha por un niño ya que ellos no tienen las mismas estructuras mentales que nos limitan a los adultos y que nos impiden orar con una fe atrevida.

  • Una dependencia genuina

Jesús les dice a sus discípulos:

Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo.  Así que el que se vuelva tan humilde como este pequeño es el más importante en el reino del cielo.”

La humildad a la que Jesús se refiere no tiene nada que ver con la falta de recursos materiales o económicos o un estado de precariedad, sino en una completa dependencia de Dios.

Un niño no puede auto-sustentarse por sí solo, necesita de un adulto que supla sus necesidades. El entiende perfectamente que alguien se va a encargar de auxiliarlo, cuidarlo y atenderlo en todo, por lo que no se le dificulta aceptar a Dios como aquel que lo cuida, lo ayuda y lo sustenta.

Su familia, juguetes, mascota, y amiguitos forman parte de su entorno más cercano por lo tanto serán los temas y motivos que él va a incluir en sus oraciones. 

  • Jesús atrae a los niños

Es evidente que el público que rodeaba a Jesús y buscaba sus enseñanzas eran en su mayoría adultos, sin embargo, el hecho de que tomara a un niño como ejemplo, muestra la cercanía y atracción natural que Él tiene. Así como habló a Samuel de pequeño, Dios quiere entablar una relación con nuestros niños, y ellos se le acercan voluntariamente, saben que no hay un horario o protocolo para entrar en su presencia, por lo tanto, debemos motivar un ambiente accesible para que ellos sientan la plena confianza de platicar con Dios y hablar de cualquier tema.

  • Siendo ejemplos

Jesús hizo énfasis en nuestro papel como guías y mentores en la fe de nuestros niños: 

“Todo el que recibe de mi parte a un niño pequeño como este, me recibe a mí; pero si hacen que uno de estos pequeños que confía en mí caiga en pecado, sería mejor para ustedes que se aten una gran piedra de molino alrededor del cuello y se ahoguen en las profundidades del mar.”

Nuestra vida de oración será de vital importancia en el crecimiento espiritual de los niños, ya que, como dijimos en un principio, ellos son imitadores de lo que digas y hagas.

Equivocadamente cuando menospreciamos su inteligencia o comprensión de las cosas, limitamos su experiencia con Dios; por lo contrario, cuando nosotros como adultos buscamos y practicamos una vida ordenada y congruente con Dios y los hacemos partícipes, facilitamos y construimos una conexión indestructible.

Anima a tus niños a congregarse y a recibir de la palabra junto con otros de su edad, alaba junto con ellos en tu casa, ora junto con ellos cuando tengan miedo, cuando estén enfermos, cuando haya sucedido algún evento doloroso, ora cuando sea difícil orar, ora por su familia, amigos, por su mascota, cuando existan cosas que le preocupen, ora en los momentos alegres y también en los difíciles, ora por su futuro y propósito, ¡oren sin cesar!