Por Marlon Hernández 

 

Desde tiempos inmemoriales, cada vez que los judíos se encontraban en situaciones difíciles, ya fuera individual o colectivamente, abrían el Libro de los Salmos y usaban las eternas alabanzas poéticas del rey David para pedir a Dios su intervención divina. Para muchos no es un secreto, pero si supiéramos el poder de los Salmos y los efectos en nuestra vida, los oraríamos constantemente ya que las promesas de los Salmos detonan el poder de Dios sobre nosotros. 

 

Ya sea que pasemos por algo simple como la gripe, o tal vez una enfermedad crónica, puede ser difícil encontrar consuelo cuando el cuerpo se siente débil. Afortunadamente, la Biblia ofrece una gran cantidad de aliento para esos momentos. Aquí hay algunos Salmos a los que podemos acudir si nos encontramos enfermos.

 

  • Salmo 6: Dios nos escucha

A veces, cuando no nos sentimos físicamente bien, lo único que necesitamos es que alguien se ocupe de nosotros y nos acompañe para mitigar nuestra angustia. Necesitamos que alguien nos escuche. El autor del Salmo 6 conocía bien el dolor de la enfermedad por lo que decididamente levanta un clamor y le ruega a Dios: 

 

Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada;

Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?

 

El Salmo termina con el útil recordatorio de que el Señor escucha nuestro clamor y por misericordia, acepta nuestra oración. Así que podemos descansar en la verdad de que no importa cómo Dios decida responder, lo primordial es que Él escucha y acepta nuestras oraciones.

 

  • Salmo 38: No estamos solo en esto

La mayoría de los Salmos apuntan a la fidelidad perdurable de Dios y la liberación eventual de su pueblo. Inclusive en los peores escenarios, podemos encontrar una enorme cantidad  de aliento por ejemplo, en el Salmo 38 donde David escribe una letanía de sus sufrimientos. “No hay salud en mi cuerpo”, se lamenta. Sus heridas supuran y hieden, su espalda está llena de dolor etc. Aunque parezca difícil de aceptar, es bueno leer que nuestro sufrimiento no es único. Hay consuelo al recordar que incluso (o especialmente) los amados de Dios han soportado enfermedades tan malas, o mucho peores, que las nuestras con la ayuda de Dios.

 

  • Salmo 41: Dios es Sanador

El Salmo 41 contiene quizás el versículo más reconfortante de todas las Escrituras para cualquiera que esté luchando contra una enfermedad: El Señor lo sostendrá en su lecho de enfermo; en su enfermedad, restaurarás su salud.

Este Salmo testifica de la gracia sustentadora que ofrece el Señor a nuestras almas cuando nuestros cuerpos nos fallan. Es una gran promesa digna sembrarla en nuestros corazones.

 

 

  • Salmo 35: Lucha contra la enfermedad

En el Salmo 35, David le pide al Señor que lo defendiera de los que contra él contendían refiriéndose al ejército del rey Saúl que persiguió a David mientras huía por el desierto. Pero en la práctica, este Salmo puede ser usado como un grito de guerra contra los agentes invasores que asaltan nuestros cuerpo durante una enfermedad. Podemos referirnos a los atacantes como las bacteria o virus que nos están enfermando y orar para que, como los perseguidores de David, sean esparcidos lejos. En una hermosa y final afirmación, este Salmo termina declarando que Dios ama cuando sus hijos están sanos: El Señor se deleita en el bienestar de su siervo.

 

En síntesis, los Salmos no solo ofrecen aliento para la recuperación durante la enfermedad, sino que nos recuerdan que el sufrimiento es parte de la condición humana pero la naturaleza de Dios es intervenir a favor de sus hijos cuando padecen alguna enfermedad. La comprensión de Dios y la compasión por los enfermos se manifiesta de manera clara y fuerte en estos poemas antiguos. ¡Que encontremos consuelo y sanidad al leerlos y que nos encontremos con el Dios que sana!