Posts from 2020-12-19

Cómo orar cuando soy el único creyente en casa

 

 

Por Marlon Hernández 

 

Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa (Mateo 13:53-57).

 

Como podemos observar, hablarle a la gente sobre Jesús es difícil, especialmente en nuestra propia casa, sobre todo si nunca han tenido una experiencia personal con Cristo. Si hubiese alguien que se sienta mal debido a que los de su casa lo han rechazado, ¡el Señor Jesús  pasó por algo similar! Su propia familia y todos los del pueblo no creyeron que fuera el mesías (Juan 7:5).  

 

Cuando en nuestra casa somos los únicos creyentes, lo más importante para recordar es que Dios es soberano y Él es quien cambia los corazones de las personas, así que nuestra opción como verdaderos hijos de Dios es orar. Esto siempre es lo mejor que se puede hacer porque cuando oramos, expresamos tanto nuestra dependencia de Dios como  nuestro amor por la familia. Al orar estamos expresando el deseo de que se salven, que por cierto, también es el deseo de Dios, sin embargo, orar es una actividad donde se debe tener mucha fe y paciencia. Esta actitud implica que confiamos en que Dios ama a nuestra familia y que está actuando a pesar de las circunstancias por el bien de ellos y por el nuestro.

 

En tal caso, lo que debemos hacer es comenzar cada día con la Palabra de Dios y con oración. Esto hará que nuestro corazón se enfoque en Dios, y también evitará que cualquier circunstancia adversa se establezca en nuestro día. Recordemos que la Biblia dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;” (2 Corintios 9: 8). Inmediatamente después, debemos agradecer a Dios por Jesucristo y por nuestra salvación.

 

Es importante agradecer también porque no solo somos parte de una familia terrenal; también somos parte de la familia de Dios y somos sus hijos para siempre. Después de esto, entonces es el tiempo de orar vehementemente por nuestra familia. Muchos de ellos piensan que están en el camino correcto de la vida y no pueden imaginarse viviendo de otra manera así que debemos orar para que les sea revelado que el camino de Dios es mucho mejor que el de este mundo. 

 

Ser el único cristiano en la familia  puede ser incómodo, pero tratemos de verlo como una oportunidad para ser un portador de buenas nuevas. Por ejemplo, ¿Alguien de la familia necesita aliento? Si es así, debemos intervenir. Toda circunstancia es una oportunidad para que el Señor se muestre como un Dios vivo, un Dios que restaura y como el Dios de lo imposible.

 

Después de la oración, la forma más eficaz de manifestar nuestra fe a la familia no cristiana es la forma en que vivimos. Como cristianos, estamos siendo cambiados para ser cada día más como Jesús. Este es un cambio en el que estamos llamados a participar activamente. En Colosenses 3, Pablo habla de quitarnos el viejo yo pecaminoso y ponernos el nuevo yo. Este nuevo yo, se caracteriza por un revestimiento de paciencia, amor, bondad, etc. Tales características en nuestra vida son evidentes para nuestros familiares y les muestran el poder y el respaldo de Cristo en la vida de sus hijos.

 

Por ultimo, la Biblia dice que el rey Salomón fue el hombre más sabio que jamás haya existido. Otros reyes y sabios vinieron de todo el mundo antiguo para traer tesoros a Salomón y recibir su consejo. ¿Cómo se volvió tan sabio? Sencillo, cuando Dios le dijo que podía pedir lo que quisiera, Salomón pidió sabiduría. Jesús nos dijo que pidiéramos y recibiríamos, así que debemos pedir sabiduría para relacionarnos con nuestros familiares que no le conocen.  Lo mas importante es recordar que nunca estamos solos. Incluso si somos los únicos cristianos en la familia. El Espíritu Santo está en nosotros para ser consejero y consolador además,  para llevarnos a interceder por cada miembro de la familia. 

 

A pesar de que a todos nos encantaría ver a nuestros seres queridos ser salvos hoy mismo, tenemos que recordar que toda respuesta se basa en el tiempo de Dios, Su tiempo es siempre perfecto. Mientras tanto, no dejemos de orar hasta que llegue la respuesta.

 

Cómo orar cuando estoy solo

Por Luis David Meneses 

Los días especiales para reunirse: un cumpleaños, un aniversario, la navidad, el año nuevo, no son días felices para todos, especialmente si nos encontramos solos. Mientras que el resto del mundo se concentra en celebraciones y espera dar carpetazo a los infortunios de la crisis en la que vivimos, parece que la soledad se expande en nuestra casa, en nuestro cuarto, incluso en la oficina de nuestro trabajo o en la calle por la que andamos a diario. Al parecer, en nuestros momentos de soledad lo único que tenemos es espacio. Espacio y tiempo. Es por esto que suelen incomodarnos las ausencias: porque el espacio sin compañía parece enorme y el tiempo avanza con desesperante lentitud. Pero es en ese espacio donde la oración nos prepara para reflexionar y revalorar nuestra posición en las situaciones que enfrentamos. 

Si la soledad nos ataca en los peores momentos, la oración es un arma eficaz para hacerle frente. No solamente nos conecta con lo eterno, sino que nos conecta con lo interno. Los grandes encuentros que Dios ha tenido con la humanidad han sucedido cuando alguien se encuentra en soledad. Recordemos su encuentro con Abraham afuera de la carpa; la entrevista con Moisés desde la zarza ardiendo; la adopción de Rut como parte del libaje escogido; el consuelo para David en la cueva de Adulam; la promesa para Ester mientras avanzaba hacia la cámara real; el llamamiento de María antes de su matrimonio con José. Cada uno de ellos experimentó la cercanía con el creador del universo, y al mismo tiempo supieron atender lo que dicho encuentro había revelado en sus propios corazones.  

Por estas razones, hemos decidido ofrecerte aquí una serie de recomendaciones acerca de cómo puedes orar durante esos momentos en que la soledad parece no tener fin: 

1. Exprésale tu sentir a Dios 

Si alguna vez te has puesto sincero con tus amigos o familia, sabrás que decir la verdad y nada más que la verdad puede provocar problemas en nuestras relaciones interpersonales. Sin embargo, con Dios no sucede así. De hecho, las conversaciones más sinceras con Dios hechas por hombres y mujeres en sus peores momentos de soledad han sacado a relucir el propósito de Dios para sus vidas. No sin antes, claro está, haberle reclamado a Dios un buen par de cosas. 

Si quieres saber más, puedes leer: 1 Samuel 1:9-18; Génesis 15; Hechos 9:10-19.

2. Escucha la respuesta de Dios  

Muchas veces, cuando nos encontramos solos, le preguntamos a Dios el por qué. También le preguntamos por qué nos pasan cosas malas, o por qué se han cebado todos los proyectos que hemos emprendido. Solemos atacarlo con preguntas y preguntas; pero no siempre estamos dispuestos a escucharlo. Muchas veces, en nuestros tiempos de soledad, la falta de alguien con quien hablar nos hace más sensibles a la voz de Dios, que se comunica con nosotros de las maneras más insospechadas. 

Para recordar algunas maneras extravagantes en las que Dios le habló a alguien solitario, puedes leer: Números 22:21-36; Génesis 24:12-27; Jueces 6:33-40. 

3. Medita en la palabra de Dios

Cuando Dios provee respuestas a nuestras situaciones, la soledad es un buen espacio para meditar en ello. Busca un espacio para estar a solas con Dios; un espacio en donde puedas hablar con toda sinceridad, en voz alta. No necesariamente tiene que ser un espacio cerrado. Abraham, por ejemplo, solía estar a solas con Dios afuera de su carpa; David, en el campo mientras pastoreaba los rebaños de su padre; Deborah, bajo una palmera. Para saber más de estas historias, puedes leer: Génesis 12, 18; 1 Samuel ; Jueces 4. 

4. Actúa con fe en Jesús

En medio de la soledad, Jesús nos llama a la acción. Así lo hizo con Mateo, y lo hizo con Pedro, cuando los llamó al ministerio. Así lo hace contigo y conmigo cada día. Y nuestra acción comienza con la voluntad para comunicarnos con él. Es decir, no tenemos un Dios que se mantenga lejano a nosotros en medio de las situaciones complicadas de nuestra vida, sino uno que camina a nuestro lado, y que nos guarda en cada circunstancia. Si entendemos que nuestra oración es, primordialmente, un acto de comunicación con Dios, y que él siempre la responde, entonces entenderemos que en realidad nunca hemos estado solos. 

 

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