El ejemplo es una enseñanza transmitida a otros de diferentes maneras. Es mediante este como llegamos a influenciar a un determinado grupo de personas, principalmente los más cercanos a nosotros. Así como el aprendizaje en la vida es un proceso continuo, con nuestra forma de vida daremos ejemplo constante educando para bien o para mal. 

Los hijos de Dios tenemos la responsabilidad en primer lugar de tomar las enseñanzas de Jesús, quien se distinguió por manifestar amabilidad, compasión, respeto, confiabilidad, obediencia, disciplina, fidelidad, honestidad, transparencia, generosidad, humildad, justicia, paciencia, ser pacifico, veraz, valiente y otros muchos aspectos de conducta que nos dejó como ejemplo para seguir sus pasos. En segundo lugar, debemos transmitir estas enseñanzas a otros. 

 

El apóstol Pablo en la epístola dirigida a Timoteo, le dice:

“Enseña esas cosas e insiste en que todos las aprendan. No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza. Hasta que yo llegue, dedícate a leer las Escrituras a la iglesia, y a animar y a enseñarles a los creyentes”. (1ª Timoteo 4:11-13 NTV)

 

Pablo pide a Timoteo que se mantenga firme en sus convicciones y persevere en su ejemplo hacía los demás apegándose a las escrituras.

 

Como podemos ver en este pasaje para dar ejemplo no importa la edad. Un buen ejemplo radicará en la madurez que iremos alcanzando conforme pongamos en práctica las enseñanzas de la palabra de Dios. Para ello debe existir congruencia entre nuestras palabras y nuestra forma de vivir, la cual debe reflejar el amor de Dios fluyendo hacía los demás, con una fe determinada que muchas veces va a ir en contra de la corriente y enseñanzas de este mundo.

 

Por lo tanto, tenemos el compromiso para que el resto del mundo vea a Jesús a través de nuestras vidas. Nuestro propio ejemplo juega un papel importante porque es la estafeta que pasaremos a las siguientes generaciones. 

 

Así es que te animo sé ejemplo de bien y no de tropiezo para los que siguen tus pasos.

Por Sergio Velázquez