Muchas familias han pasado por el momento traumático, cuando un hijo abandona el hogar; son momentos de angustia, temor, frustración y todo un cúmulo de emociones encontradas.

La edad más común en la cual los hijos abandonan el hogar paterno es durante la adolescencia, que son los años de mayor rebeldía, y donde suceden constantemente cambios físicos, mentales y emocionales.

Es por eso por lo que suelen surgir bastantes conflictos entre padres e hijos, y puede ser que para los chicos estar en casa con sus progenitores suponga un problema, por lo que deciden que la mejor opción es marcharse de hogar.

Esto supone un acto de rebeldía y rechazo ante la autoridad que significa la figura Paterna. Irse de casa es una forma de protestar.

Los motivos por los cuales un hijo adolescente decide irse de casa pueden ser muchos, casi siempre esta decisión no es madurada, sino fruto de un acto rebelde sin pensar en las consecuencias que se derivarán de esta acción. 

Algunas de las motivaciones que llevan a un adolescente a marcharse de casa pueden ser:

  • En respuesta a un estilo de educación autoritario, en el que los padres imponen sus normas sin más.
  • La separación de los padres también puede ser el motivo para que el adolescente huya de esa situación que para él/ella resulta desagradable.
  • En otras ocasiones puede ser porque sientan vergüenza por algo que hayan hecho y no quieren enfrentar.
  • Por el simple hecho de llamar la atención de sus padres, porque necesiten más cariño y atención.
  • Aun las situaciones de adicción cada vez más frecuentes, son motivo para abandonar el hogar.

En Lucas 15: 11-32 encontramos la parábola del hijo pródigo, es decir un joven que se va de casa, nos enseña tres puntos importantes qué los Padres debemos hacer cuando tenemos un hijo pródigo.

Deje que asuma las consecuencias

Lo que finalmente salvó al joven en la parábola fue que llegó a tal punto de desesperación en su vida que empezó a desear ardientemente lo que sabía que podía encontrar en la casa de su padre.Como padres, hemos pasado toda una vida facilitando el camino a nuestros hijos, sin embargo, en algunas oportunidades, debemos hacernos a un lado, aunque sea un poco y permitir que aprendan las lecciones de la vida, pues algunas veces el dolor es parte del proceso de crecimiento.

Viva el perdón

Perdone a su pródigo. Lo cierto es que debemos perdonarlos aun cuando continúen hiriéndonos. ¿Cuál es la alternativa contraria al perdón? El rechazo. Este generalmente trae consigo aislamiento, amargura y un fuerte distanciamiento de aquellos a los que intentamos atraer. El perdón nos permite continuar amando.

 A pesar de la desilusión, respalde, y confirme su amor incondicional

Hagamos del hogar ese lugar acogedor al que nuestros hijos pródigos quieren regresar. ¿Qué piensan sus hijos cuando van camino a casa, y han tenido dificultades en la escuela o problemas personales?, ¿quisieran desaparecer?, ¿tienen temor de regresar a la casa?, o ¿saben que, en lugar de ser juzgados, podrán llorar en nuestro hombro y ser consolados?

La religiosidad señala, condena, juzga y critica. Jesús come con los pecadores, se compadece de ellos, los busca, los toca, los abraza, los consuela, y los perdona. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero. Es con este amor que debemos amar a nuestros pródigos.