Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.

Mateo 17:21 RVR 1960

 

Introducción

El ayuno sin oración es una dieta para el cuerpo, sólo con un efecto físico para el que lo realice. Pero un verdadero ayuno tiene resultados sobrenaturales cuando va acompañado de la oración. La oración es la comunicación directa con Dios a través de nuestras palabras, es parte de nuestra vida espiritual. Dios no puede hacer nada en la tierra si no es a través de nuestras oraciones, éste orden está establecido por el Padre al coronar a Jesucristo como Rey de Reyes y Señor de Señores, sujetando toda autoridad bajo sus pies. Jesucristo nos da la garantía que si pedimos cualquier cosa conforme a la voluntad del Padre en su nombre, él nos iba a responder. Así que tenemos la gran oportunidad y la base legal para establecer el reino de los cielos en todas las áreas de nuestras vidas al utilizar estas llaves para tener los cielos abiertos a nuestra oración y la respuesta oportuna a nuestro clamor. El ayuno y la oración caminan juntos. Entonces ¿Por qué ayunamos?

 

1.   Ayunamos para crucificar nuestra carne

 

Nuestra carne es la naturaleza caída de nuestra vida y tenemos que debilitarla para que nuestro espíritu se fortalezca. Jesucristo nos enseñó en esta tierra, que si queríamos ser verdaderamente sus discípulos teníamos que tomar nuestra cruz cada día. El apóstol Pablo también nos refiere que nuestra carne funciona egoístamente y tiende al pecado a través de los pleitos, las iras, las contiendas, los pecados sexuales, los chismes, la idolatría, la manipulación y cosas semejantes. En Isaías 58, Dios confrontaba al pueblo de Israel por la forma egoísta y equivocada por la cual ayunaban. Por eso, ayunamos para debilitar nuestra carne y someterla al Espíritu de Dios a través del abstenernos de ciertos alimentos, pero enfocados en una actitud de oración, arrepentimiento y acciones que nos lleve a crucificar nuestra carne: perdonar en vez de guardar resentimiento, consagrarnos y abandonar pecados, dejar de murmurar y honrar, alabar en vez de quejarnos, bendecir en vez de maldecir. El ayuno se hace de forma natural para tener efectos sobrenaturales: la trasformación de nuestro corazón, la renovación de nuestra mente y la tenacidad de nuestro carácter. 

 

2.   Ayunamos para humillarnos delante de Dios

 

En 2a Crónicas 7:14 Dios nos da la condición para responder nuestras oraciones: humillarnos y arrepentirnos. Ayunamos para que Dios nos confronte con la verdad de su amor, nos limpie de todo pecado y nos transforme. Humillarnos nos es llamar la atención para nosotros mismos, es poder romper el egoísmo de nuestra carne y buscar la voluntad de Dios para nuestras vidas, nuestras familias, nuestra ciudad y todo nuestro país. El ayuno nos lleva a acciones que reafirman nuestro arrepentimiento. Al humillarnos y arrepentirnos abriremos el cielo sobre nuestras vidas, nuestra familia y sobre nuestra nación. Hay un doble efecto para el que ora y ayuna de esta manera: primero Dios cambia la realidad; y segundo, Dios cambia al intercesor. 

 

3.   Ayunamos para establecer la voluntad de Dios aquí en la tierra

Dios está obligado a responder nuestras oraciones cuando nos humillamos y nos convertimos de nuestros malos caminos. Reafirmamos, el ayuno nos debe de llevar a actuar para hacer la voluntad de Dios. En la base legal de ésta promesa: Dios perdonará nuestros pecados, abrirá los cielos y sanará nuestra tierra. Los resultados son gloriosos, Dios establece su reino y su voluntad en nuestra vidas, junto con todos los beneficioes que esto significa. Orar y ayunar humillándonos ante Dios abre el cielo mismo a nuestra oración.

4.   Ayunamos para conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas.

En Daniel 10:1-3 encontramos esta gran verdad. Daniel ayuno por el lapso de 21 días, hasta que recibió la respuesta de parte de Dios. Es conocido que Daniel era un hombre de oración, su hábito era conocido por todo el imperio, oraba 3 veces al día: por la mañana, en la tarde y en la noche. Pero, cuando busco la respuesta de parte de Dios ayuno. Ayunar, como lo hemos comentado debilita nuestra carne pero fortalece nuestro espíritu. Al orar y ayunar entramos a la dimensión espiritual de la revelación de parte de Dios para poder tomar decisiones sabias y entendidas de los tiempos que estemos viviendo. 

 

Conclusión

El ayuno es parte de nuestra vida espiritual de oración, pero cuando somos intencionales en humillarnos, arrepentirnos y buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas, veremos resultados sobrenaturales trayendo el reino de los cielos a todo lo que hemos clamado. 

 

 

 

Por  Israel Téllez