La acción de "dar" constituye más que solo conceder algo que posees, es un acto que produce libertad, refleja el carácter de Cristo y establece la dinámica de su Reino en esta tierra.

 

La Biblia nos enseña que hay más bendición en dar que recibir (Hechos 20:35), y el claro ejemplo es Jesús, cuando estuvo en esta tierra cada milagro y acto de bondad nos reveló a un Dios poderoso y lleno de generosidad, que siempre da lo mejor y, al hacerlo, muda los pensamientos de escases a una tierra de abundancia donde todo es posible. 

 

Es precisamente la mentalidad de pobreza la principal barrera que nos impide dar y compartir. Seguramente has escuchado frases como estas:  "¿Cómo voy a dar si apenas tengo para mí? “, “Si lo doy me quedo sin nada", " te lo comparto, pero si me das algo a cambio".  

 

La cultura en la que estamos inmersos de avaricia y corrupción nos hace pensar que el dar es un acto de debilidad por lo que siempre es mejor tener cierta ventaja sobre el prójimo, de lo contrario, pasarán sobre mí. 

 

La situación mundial que ocasionó la pandemia acentuó aún más la importancia de establecer el Reino de los cielos dando y compartiendo las riquezas de Dios a todo aquel que las necesite. 

 

En Hechos 3 Pedro y Juan causan toda una revolución de fe en el pueblo al imitar la generosidad sobrenatural de Dios.

 

Ser generosos todo el tiempo y en todo lugar 

 

Mantenerse enfocado es vital para lograr los propósitos en nuestra vida, sin embargo, eso no significa ser indiferentes o insensibles a la necesidad de otros. Pedro y Juan se dirigían al templo a orar, cuando un hombre cojo alzó su voz para llamar su atención y pedirles limosna. Ellos, guiados por el Espíritu, se detuvieron y atendieron al hombre dándole algo mucho más valioso que el dinero, su sanidad. 

 

Este es un llamado a practicar la generosidad de Dios, dar cuando pienses que no tienes, cuando se te hace más difícil, da cuando nadie da y cuando parece que no es el momento ni el lugar, así lo hizo Jesús, en la plaza, en la calle, en medio de la tormenta, aún a punto de ser crucificado. Los milagros siempre acompañan a un corazón generoso. 

 

Dar produce libertad 

 

El hombre cojo pidió limosna y recibió sanidad, las cadenas que lo tenían atado a un estado marginal y débil, habían sido destruidas. Ahora él saltaba de alegría y alababa a Dios por el milagro sucedido, buscaba dinero, pero recibió algo mucho mejor. 

 

Los recursos inagotables de Dios nada se comparan con los del mundo, y en su voluntad está que vivamos prósperos y plenamente. 

 

Es tiempo de que mostremos esos recursos celestiales a todos los enfermos, los pobres, los huérfanos, a los desanimados, a los que no tienen esperanza y así llevarlos a la libertad que es en Cristo Jesús.

 

Imitar la generosidad de Dios produce avivamiento

 

Después de que el hombre fue sanado, las multitudes se acercaron para presenciar lo sucedido, fue en ese momento cuando Pedro y Juan predicaron la buena noticia y donde miles llegaron a los pies de Cristo.

 

El corazón de toda una nación estaba siendo encendido al saber que Jesús fue entregado para darnos salvación y vida eterna, para sanar nuestras enfermedades y ser libres.

 

A pesar de no merecer ninguno de estos dones fue el amor de Dios el que nos alcanzó y nos bendijo totalmente, y ahora hemos sido llamados para extenderla a otros.

 

La bendición de Dios nos enriquece en todos los ámbitos de nuestra vida y es precisamente una mentalidad de ricos lo que se necesita para poder compartir y experimentar la generosidad de Dios con poder.