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Finanzas para solteros

 

Por Israel Téllez

 

Pero el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa de su amo el egipcio.  Vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía.

Génesis 39:2-3

 

Puedo imaginar una generación de jóvenes emprendedores que se levantan amando y creyéndole a Dios, teniendo su propias empresas, levantando negocios y realizando grandes proyectos, ofreciendo servicios de calidad y siendo excelentes profesionales en su área, formado grandes familias y siendo bendición a sus generaciones, sin temores, sin excusas, sin complejos, sin orgullo, valientes, humildes y radiantes por la presencia de Dios en sus vidas, cumpliendo sueños y diseñando un mundo mejor a través de sus talentos: artistas, profesores, abogados, arquitectos, médicos, especialistas, maestros, científicos, ingenieros, estadistas, deportistas, periodistas, políticos, pastores, científicos, inventores, altruistas, administradores, líderes de opinión, biólogos y tantos más. 

Reconozco que soy un eterno optimista ¿Pero te preguntarás la razón? ¿Cómo puede suceder qué Dios me bendiga en las finanzas en medio de todos lo que estamos viviendo en el mundo, y más si soy soltero? 

Precisamente por la misma razón que Dios lo ha hecho una y otra vez a través de todos aquellos que creen que él es poderoso para hacer más allá de lo que pedimos o entendemos.

Sueña en grande

Me apasiona la vida de José, es uno de mis personajes favoritos en la Biblia. José era el penúltimo de sus hermanos, su madre había muerto siendo el pequeño, amado y protegido por su padre, pero aborrecido por sus hermanos por la misma causa; sin embargo, su historia se narra en trece capítulos del Génesis y es uno de los jóvenes más brillantes que Dios levantó para hacer del pueblo de Israel una gran nación. 

Algo extraordinario sucedía en la vida de José aun siendo un joven soltero, él tenía sueños. No eran cualquier sueño después de una indigestión por tacos o por el exceso de la ociosidad, eran sueños de grandeza, de un futuro grande, de gobierno, de autoridad y prosperidad. Esos sueños le metieron en grandes problemas con sus hermanos, ya que el comentaba lo que había soñado, tal vez con la ilusión de recibir la aprobación o la amistad con sus hermanos; pero ellos lo tacharon de presuntuoso y arrogante, hasta que idearon la forma de deshacerse de él. Ellos quería matar al soñador, pero eso no podría matar los sueños que Dios había puesto en él. Los sueños grandes son de Dios. Sueña joven y sueña en grande.

Muchas personas querrán ignorar, menospreciar o matar tus sueños, pero solo tú eres el único que puede pararlos. Si sueñas en grande estas aprendiendo a activar la fe para mover montañas, en confiar que Dios tiene el poder para levantarte cualquiera sea tu situación y bendecirte financieramente. Pero hazte unas preguntas: ¿Mi sueño lo puedo compartir con mis padres? ¿Mi sueño es más grande que mis capacidades actuales? ¿Mi sueño requiere trabajo duro? ¿Mi sueño o visión es glorificará a Dios?

Todos tienen que empezar por ser arrojados

José estaba totalmente aturdido, adolorido, raspado y golpeado, sus hermanos lo había arrojado a un pozo seco, la nube de polvo se estaba asentando cuando él se limpiaba los ojos y la sangre de sus heridas mientras asimilada la confusión y los pensamientos de saber que sus propios hermanos lo había tirado ahí para deshacerse de él. Es vendido como esclavo a una caravana de comerciantes y ahí comenzó activarse la grandeza de sus sueños. Cada pozo en que nos arrojan es la gran oportunidad que muchos necesitan para comenzar a construir su sueño. Exponer un trabajo de fin de cursos, terminar una tesis, acabar tu carrera, tocar un instrumento, abrir tu Fan page o tu canal de YouTube, realizar tus postres y venderlos, anunciar alguno de tus servicios, cuidar los niños de alguien, pintar casas, hacer mandados, realizar artesanías, vender tus diseños,  cualquier actividad que te lance será el primer paso para obtener finanzas.  ¿Qué necesitas para ser arrojado? Tener un sueño grande. 

Comienza por a trabajar en lo más obvio

José es vendido como esclavo y llega hasta Egipto a casa de Potifar, jefe de la guardia personal del faraón. Como es de suponerse ¿Dónde quedaron los sueños de grandeza de José? Los sueños seguían vigentes, y la mano de Dios estaba con José; pero José tenía la función de un sirviente, no obstante la mano de Dios estaba sobre él y prosperaba todo lo que hacía. 

Muchos jóvenes no tienen la paciencia de trabajar en lo más obvio, mucho menos en una responsabilidad por tan poco, porque no ven el propositivo final que el trabajo provee: disciplina, constancia, responsabilidad, recompensa, finanzas y sobre todo carácter.  No hay sustituto para el carácter. El dinero fácil y los atajos de los procesos simplemente no son de Dios. Aun un trabajo virtual necesita disciplina, constancia y tiempos de entrega. 

El esclavo no tenía ni derecho a salario, solo a ser sustentado con alimento y vivienda. Parece el cuadro de todo hijo que empieza a formarse en casa, esto nos sirve como ejemplo de comenzar a trabajar en lo más obvio: tendiendo tu cama, arreglando tu habitación y ayudando en todos los quehaceres del hogar, ve más allá, hazte responsable y sí ya trabajas, empieza aportar para el sustento de tu casa. Una de las claves de ser bendecido por Dios, es ser instrumento para bendecir a otros, es una clave para ser prosperado. 

Trabajando encontraras injusticias

Premiar a alguien que no ha trabajo tan duro como tú, ser acusado falsamente, envidias, conflictos, injusticia o menosprecio, solo son parte del precio que hay que pagar cuando trabajas duro por tus sueños. No te desalientes, ni te veas como esclavo, estas en el camino del cumplimiento de tus sueños, los mismos que te tiran a un pozo para venderte como esclavo regresaran a reconocer la obra de Dios sobre tu vida. No te frustres si no tienes éxito en tu primer emprendimiento, o si no tienes ganancia en tu primera venta, sigue trabajando duro, Dios bendice la mano diligente. 

José es encarcelado por una injusticia, pero sus habilidades cómo su carácter habían crecido, aun en la cárcel era promovido. Ésta es una promesa de parte de Dios, los lugares difíciles serán lugares que te formen. Yo lo he comprobado en mi propia vida, mientras más dificultades he tenido mayor influencia y mayores finanzas llegan a mi vida. 

Las oportunidades llegaran 

José no se quedó en la cárcel, un día llego la oportunidad de estar cara a cara con el mismo faraón de Egipto e interpretar sus sueños, dos soñadores cara a cara, uno atormentado por la incertidumbre y el otro seguro de lo que Dios es capaz. Si tú sueñas en grande, convive con gente que sueñe tan grande como tú, sigue a personas que te inspiren, ten metas de viajar y conocer otras culturas, lee biografías de personas expertas en su área. 

Tal vez sientes que tu casa o que tu escuela es tu cárcel, pero la oportunidad llegará, pero ¿Qué estás haciendo mientras llega la oportunidad? ¿A qué te has lanzado? ¿Qué es lo que sabes hacer?

El sueño se cumplirá

José termina siendo el administrador y el funcionario de más alto rango después de faraón, habían pasado años desde que tuvo sus primeros sueños, ahora los estaba experimentando en carne propia, Dios le había prosperado y le había dado su propia familia. Las finanzas llegaran, las oportunidades  se presentarán, pero no menosprecies el proceso de prepararte y de que todo lo que tu familia invierte en ti. El lugar donde empiezan a generarse las finanzas es en tu hogar, la forma de gastar, ahorrar e invertir en tus sueños, en aprender otro idioma o terminan tu formación profesional. 

Conclusión

Ten sueños grandes, te un plan para hacerte de finanzas a través del trabajo honesto, da el diezmo de todos tus ingresos y asóciate con Dios en cada proyecto, ahorra para viajar, comprar libros o adquirir cosas que te ayuden a seguir generando ganancias, termina tu carrera y consigue tu título profesional, adquiere una propiedad, ten la visión de formar una gran familia y se una bendición para otros a través de tu trabajo. Dios cumple sueños. Disfruta el viaje. 

¿Qué es un amigo?

Por Luis D. Meneses

Ya sea que busquemos un sabio consejo, una opinión con algo de sentido común, un chascarrillo que nos alegre el día, o que nos empujen a hacer aquello que sabemos que debemos hacer, todos necesitamos un amigo. 

Pero las amistades son curiosas: hay tiempos en los que parecen estar hasta debajo de las piedras, y en ocasiones todas parecen esfumarse. 

Quizás por esta razón la humanidad no ha dejado de preguntarse, al menos por los últimos 25 siglos, qué es un amigo. Los textos de la antigüedad abordaron el problema, y aunque encontramos algunas buenas ideas en Platón o en los Proverbios, la duda ha persistido hasta nuestros días: ¿qué es un amigo? 

Estoy seguro que, mucho más allá de cualquier definición filosófica o histórica de la amistad, cada uno de nosotros tiene historias que ejemplifican la definición de amistad. Por esta ocasión permítanme contarles dos de las mías: 

Cuando estuve en la preparatoria tuve un gran amigo con quien comencé a llevarme porque éramos prácticamente vecinos. Vivíamos a un par de cuadras el uno del otro, estábamos inscritos en el mismo salón. Y no solo eso, también éramos vecinos en la lista de asistencia y los profesores decidieron también hacernos vecinos de banca. Ninguno de los dos tenía automóvil, así que todos los días coincidíamos en el autobús de regreso a casa. Él era muy extrovertido y yo demasiado tímido. Así que la amistad no tardó mucho en nacer. Él hablaba y yo escuchaba divertido. Con el paso de los años fuimos tomando decisiones que nos alejaron el uno del otro y ahora casi ni nos reconoceríamos si estuviésemos frente a frente. Sin embargo, la amistad existió y persiste en el recuerdo. 

Años después, cuando estudiaba el doctorado, encontré otro amigo por casualidad. Me habían invitado a predicar a un campamento de jóvenes (última oportunidad de mi debut y despedida) y todos viajaríamos por tres horas en un autobús hacia un lugar perdido de Querétaro. Los líderes de jóvenes ocuparon los primeros asientos del lado derecho. En ese entonces yo estaba soltero y no llevaba a nadie que me acompañara en el viaje por lo que me tocaría sentarme con alguien desconocido. Cuando abordé me senté en el primer asiento a la izquierda del pasillo, junto a un joven de mi edad. Nos presentamos y comenzamos a conversar. Media hora después empecé a sentir que mis anfitriones nos miraban extrañados. Una hora después cuchicheaban entre sí mientras nosotros seguíamos departiendo alegremente acerca de Dios, la vida, el universo, los comics y todo lo demás. Dos horas después el cuchicheo se había convertido en asombro y risas. Y para cuando llegamos a nuestro destino, no tuvieron nada más que decir que si fuésemos hombre y mujer ya sabrían que éramos el uno para el otro. 

Quizás estas historias no parezcan muy relevantes, ¡y sin embargo lo son para mí! Cuentan la culminación de sendos viajes de descubrimiento de lo que significa ser amigo. A través de la primera amistad recibí la gran lección de que algunos amigos son pasajeros. Están en nuestras vidas por una temporada, quizás para enseñarnos algo, o para hacernos sentir más fuertes o mejor acompañados; pero eventualmente se alejan de nuestro camino y sólo nos queda su recuerdo. 

Por medio de la segunda historia comprendí que hay amistades instantáneas que parecen haber estado ahí contigo toda la vida. También me ayudó a ver que, a pesar de que en la edad adulta nos volvemos mucho más exigentes y selectivos, no es imposible crear nuevas amistades. 

Ambas historias, y otras más que sería imposible relatar aquí, me enseñaron que la amistad es un vínculo que se forja mediante la confianza prolongada en el tiempo. Ese vínculo puede ser inmediato o puede ir creciendo poco a poco. Pero un amigo lo establece y lo cuida; porque un amigo es, sobre todo leal. Tal como lo dice el proverbio: 

"En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia" (Pr. 17:17 RV1960)

Entendamos que en este pasaje la frase "en todo tiempo" no es equivalente a "siempre". La primera se refiere a que hay una temporalidad para la amistad; que puede darse por estaciones, o en periodos; que es dinámica porque involucra dos voluntades. Es por eso que al traductor no le ha parecido conveniente sustituirla con un "siempre", que indicaría una permanencia estática, ajena al cambio de las estaciones de la vida, y por lo tanto inmovil; características que, en definitiva, no son compartidas por el concepto de amistad.

El pasaje tiene, en cambio, un destino al que apuntar nuestras relaciones de amistad: a que lleguemos a ser como hermanos en los tiempos de angustia de nuestros amigos. Que seamos leales y tengamos un consejo, una perspectiva diferente de la crisis, o incluso un poco de sentido común y un momento de risas que nos empujen a hacer aquello que debemos hacer pero no habíamos podido lograr por miedo o incertidumbre.

 Así que, la próxima vez que se pregunten, ¿qué es un amigo?, dense un tiempo para recordar sus propias historias. Páselas por el tamiz del pequeño proverbio que hemos referido aquí, y verá cuánto ha aprendido acerca de ser amigo mientras estaba cumpliendo precisamente esa función para alguien más. 

Dios es mi habitación

Por Marlon Hernández 

Estamos en la recta final de nuestro tiempo de ayuno y oración. Un tiempo muy fructífero de planeación, restauración, edificación para toda nuestra comunidad de fe. Pero ahora, es el momento de meditar sobre habitar. En primer lugar, habitar es estar plenamente presente en un lugar o con una persona. En la Biblia notamos que Dios ha habitado entre su pueblo, desde el principio del Génesis hasta el final del Apocalipsis. Esta palabra también puede significar establecerse o comprometerse con alguien que no sea uno mismo. Los cristianos usualmente usan esta palabra para describir dos situaciones. Dios habita con su pueblo y su pueblo habita con Dios. 

Cuando habitamos en la presencia de Dios, somos conscientes de su gloria en nuestras vidas. Esta conciencia puede ser un sentimiento de cercanía o satisfacción, pero también puede ser una conciencia de la grandeza, el poder, la sabiduría y el amor de Dios. A pesar de que lo ideal es estar conectados, habitando en la presencia de Dios, no siempre vivimos allí. Nos distraemos fácilmente con el ajetreo de todos los días. Cuando no estamos completamente presentes con Dios, nos desconectamos, es decir no tenemos claro donde estamos habitando y el mundo se nos viene encima. Por eso, habitar en su presencia es un lugar seguro para asentarnos; Él mismo es una morada, pero tenemos que estar decididos a estar allí y no salirnos jamás.

Cuando Dios habita con su gente, su presencia se manifiesta a pesar de nuestras deficiencias. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Dios caminó con Adán y Eva en el jardín del Edén (Génesis 3:8) hasta que su pecado lo separó de la presencia de Dios. A partir de ese momento, Dios tomaría muchas formas diferentes para conectarse con su creación. Por ejemplo, habitó con los israelitas como columnas de nube y fuego. 

Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche (Éxodo 13:21). 

Más tarde, Dios deseó una relación más estrecha con su pueblo y eligió morar entre ellos en una tienda portátil (el tabernáculo) porque los israelitas todavía estaban vagando por el desierto después de ser rescatados de Egipto. 

Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios (Éxodo 29: 45-46). 

Más tarde, Salomón erigió un tabernáculo permanente en Jerusalén. Después de que Salomón oró y dedicó el templo terminado al Señor, Dios contestó su oración: 

Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre  (2 Crónicas 7: 12-16). 

Desafortunadamente, la gente seguía dando por sentada la presencia de Dios y descuidaron su conexión haciendo de Dios un simple culto, una religión que implicaba normas pero nunca una relación personal. 

Finalmente, debido a que el amor de Dios nunca deja de perseguir su creación, quería que la creación tuviera acceso a Él y estuviera con Él en cualquier momento, en cualquier lugar y sin el obstáculo del pecado. Así que Dios dio un paso más para morar dentro y entre su pueblo a través de Jesucristo. Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo humano, vivió sin pecado, se sacrificó por el pecado para que la humanidad pudiera morar con Dios eternamente.

Por lo tanto, aquellos que aceptan a Jesús como el Señor, el que hizo este gran acto de amor y misericordia, también reciben su presencia para siempre. Dios decidió establecer su residencia en y entre la humanidad. No más nubes, carpas o templos. En lugar de simplemente pasar tiempo con la creación, Dios elige la creación como el lugar donde estar. Además, ayuda a su creación a ser sensibles a su presencia. Dios hace que la humanidad sea un buen anfitrión de la presencia y el poder de Dios y lo hace a través del Espíritu Santo.

Aunque Dios está en todas partes, su presencia y su gloria habita en los corazones de sus hijos. Esto es como cuando el agua está en el aire, sin embargo cuando se condensa,  forma los ríos y los mares. Cuando habitamos en su presencia, experimentamos esa inmensidad de su deidad que al mismo tiempo viene a nosotros a tener una relación  de padre a hijo.  Que al momento de finalizar nuestro tiempo de ayuno y oración, seamos más sensibles a Él, pero sobre todo, consientes de que en todo momento estamos conectados a su presencia.

¿Qué estás construyendo?

Por Israel Téllez

“Por tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca. Pero el que me oye y no hace lo que yo digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena.Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y la casa se vino abajo. ¡Fue un gran desastre!” 

Mateo 7:24-27 (NTV)

 

Todo lo que edifiquemos en Dios resistirá toda prueba y circunstancia, esa es una ley espiritual que nos garantiza construir lo que realmente puede darle gloria a Dios y permanecer a través del tiempo. Construimos para habitar y para disfrutar la vida, pero muchas veces vemos como hay cosas en nuestras vidas que se derrumban. Te animo a construir los mejores años de tu vida en Dios.

 

1.   Construye un íntima relación con Dios

La salvación la recibimos gratuitamente a través del perdón de nuestros pecados por medio de nuestra fe en Jesús, pero nosotros somos responsables de construir una relación íntima con Dios. No hay relación más relevante y más significativa en nuestra vida que con nuestro Padre celestial. Nos relacionamos con Dios a través de la oración para saber que Dios lo es todo en nuestra vida, pero sorprendentemente nos encontramos reflejados en los ojos de Dios mientras más lo buscamos a él, nos podremos ver tal cual Dios nos ve, escuchar su corazón y oír su voz. La construcción qué tenemos que levantar como personas, familias o país es nuestra relación personal con Dios, porque todo depende de ella. Nos relacionamos con Dios como hijos amados, pero manifestamos su voluntad como sus amigos íntimos ¿He construido una relación íntima con Dios? ¿Qué necesito para construir una relación más íntima con Dios?  

 

2.   Construye una gran familia que refleje tu pasión por Dios

La otra relación más significativa después de nuestra relación con Dios es la relación con la familia que Dios nos ha dado. La ley y los profetas se resumen en amar a Dios y amar nuestro prójimo, y nuestra familia son las personas más próximas a nuestro corazón. La familia es el regalo que Dios nos ha dado para experimentar la plenitud del amor. Nuestra esposa es un regalo de parte de Dios, nuestros hijos son prestados, nuestros nietos son la corona de la bendición de Dios sobre nuestras vidas y nuestros padres son el instrumento que Dios uso para formarnos. Tenemos la responsabilidad de levantar familias que amen a Dios y le obedezcan, que sean bendición en todos sus caminos y sean un reflejo de la gloria de Dios en esta tierra. No importa si vives solo, eres parte de una gran familia de fe y eres una bendición para otros ¿Qué estás construyendo con tu familia? Tenemos que vivir consientes que para Dios es importante nuestra familia y el legado que dejamos a través de las generaciones ¿Qué hijos estamos dejando para el mundo? ¿Qué testimonio estamos trasmitiendo como familia a un mundo en tinieblas? 

 

3.   Construye relaciones significativas que añaden valor a tu vida

Construir relaciones requiere tiempo, confianza, trasparencia, honestidad y muchas cosas más, pero si quieres tener amigos, muéstrate amigo. Jesús es el máximo ejemplo de ser amigo, siempre añadía valor a las personas buscando una relación. Se intencional y honesto al buscar una amistad sobre todo transparente en tus motivos. Si quieres tener grandes amistades valora más a las personas que a las cosas que puedas lograr con ellas, pasa tiempo de calidad con gente que te bendiga escuchar y disfrutes su compañía ¿Qué relaciones estamos buscando?¿Nos mostramos amigos con otros?¿Estamos siendo verdaderamente honestos al acercarnos a otras personas?¿Seremos los amigos que otros esperan?

 

4.   Construye para servir a otros

Toda la bendición que Dios nos ha dado no sirve si no la usamos para bendecir a otros, en eso consiste el amor, no en recibir sino en dar. Tienes la capacidad para construir grandes riquezas y éstas no se limitan al aspecto financiero, Dios nos ha llamado a ser prósperos en todas las áreas de nuestra vida. ¿Qué estás construyendo para servir a otros? No son las grandes metas sino las pequeñas acciones que reflejan tu servicio ¿Cuáles son las tres pequeñas acciones que pueden hacerme útil para el servicio a otros?

 

 

5.   Construye para el futuro

No siempre tendremos la misma fuerza y no siempre vamos a construir, porque también tenemos que aprender a habitar y disfrutar el fruto que Dios nos dé. Dios bendice la mano diligente y tenemos que edificar lo que Dios nos manda a levantar, saber administrar nuestras fuerzas, nuestras finanzas, nuestras conversaciones y nuestro tiempo teniendo una mirada al futuro. El mundo enfrenta el futuro con temor e incertidumbre, nosotros como hijos de Dios tenemos que enfrentarlo con fe y esperanza trabajando fuerte hoy para experimentar el futuro glorioso que Dios tiene para cada uno de nosotros. ¿Cómo estás viendo el futuro hoy? ¿Cuáles son las dos cosas que tienes que hacer hoy para disfrutar el futuro?

Proyectar, viendo hacia el futuro

Por Jorge Aburto | #21días

 

"… Entonces, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá, los fortalecerá y los afirmará sobre un fundamento sólido.” 1 Pedro 5:10

 No hay mejor manera de comenzar un proyecto que teniendo la convicción de que tendrá éxito, y es así como comenzamos este tiempo de ayuno y oración, convencidos de que lo que aún no vemos será una realidad.  

Todos tenemos la capacidad de planear, para algunos es más fácil que otros, algunos planean cosas buenas, otros todo lo contrario, pero Dios nos dio a todos la habilidad de imaginar y materializar lo que aún no existe. 

Tu eres un proyectista del futuro y cada día de tu vida es un proyecto nuevo, vendrán retos, habrá desafíos y vicisitudes que pondrán a prueba tu fe y tratarán de tambalearte. Por ello la importancia de estar afirmados sobre el fundamento sólido que es Jesucristo. 

Proyectar es la capacidad de ver todo lo que Dios nos ha dado por gracia, conocer sus propósitos eternos que existen en el mundo del Espíritu y que fueron predeterminados para nuestra vida.

¿Cómo comienzo a proyectar lo que Dios quiere para mi vida?

1.     Para proyectar necesitas saber que siempre hay cosas mejores para ti. 

Por la fe, Abraham pudo ver concretado el proyecto de Dios en su vida, creyó y fue padre de multitudes,  a pesar de las circunstancias ,tuvo que mantener la esperanza en la promesa de Dios y en su cumplimiento, él  permaneció y se fortaleció en esa promesa.   

De la misma manera cada día de tu vida has esta declaración con tu boca: “hoy es el día del cumplimiento “, “Hoy es el día de ver las promesas de Dios hechas una realidad”, pero no como una declaración positiva sino con una certeza y una plena confianza en la fidelidad de Dios.

2.     Para proyectar necesitas saber cómo Dios te ve y todo el potencial que ha puesto en ti. 

Nadie debería comenzar un proyecto desconociendo los recursos con los que cuenta. En Lucas 14:28 Jesús nos recuerda la importancia de calcular el costo para ser su discípulo, y de la misma manera cada idea y proyecto tienen un costo, por lo tanto, es vital que conozcas todos los recursos que Dios ha puesto en tu cuenta del “banco celestial” y sepas que están a tu disposición en el momento que los necesites. Cuando leemos su palabra todos estos secretos  son revelados y por fe los hacemos nuestros. 

3.     Para proyectar debes tener una visión global.

El segundo mandamiento que Jesús resaltó fue el de amar al prójimo como uno mismo, en otras palabras, el enfoque de tus proyectos no debe estar centrado solo en ti, pensando solo en el beneficio propio, sino considerando que toda cosa que tu hagas es para la edificación de Su iglesia y para mostrar a Cristo.

Honrar y glorificar Su nombre debe ser nuestra prioridad, haciendo las cosas como para Dios, con excelencia y sabiendo que fuimos llamados para bendecir a otros.  Cuando te alineas a los propósitos de Dios, él siembra sus planes en tu corazón, y de una forma sobrenatural ahora tú formas parte de un propósito global, donde muchas vidas son impactadas y trastornadas por el Espíritu de Dios. 

4.     Para proyectar debes creer lo imposible

 Tenemos un Dios creativo que hace cosas nuevas cada mañana y crea cosas donde no las hay, y tú como su hijo eres un instrumento para materializar todo lo que aún no se ha visto ni escuchado porque permaneces conectado a la fuente que es Jesús ( 1 Corintios 2:9), y solo en él  está  el poder para resucitar y traer a la vida todos esos planes  que están sembrados en tu corazón desde antes de la creación de este mundo y que aún no son una realidad. 

Ni las circunstancias, la edad ni el tiempo son un límite para que Dios cumpla su propósito en ti, pon la creatividad en acción y comienza a diseñar un futuro glorioso para las siguientes generaciones.   

 

 

¿Cómo orar cuando estoy en duelo?

 

Toda pérdida es dolorosa, más aún cuando se trata de esa persona amada con la que hemos compartido tantas vivencias, rizas, alegrías, tristezas, y hasta peleas, o que fue nuestro brazo fuerte, nuestro gran apoyo. Es allí, cuando nuestro espíritu se quebranta y se sume en gran tristeza por cuanto se nos hace casi imposible superar su ausencia, aceptar que físicamente no estará más con nosotros. En este caso, es recomendable acercarnos a Dios en oración y ruego, suplicándole a Dios que nos ayude a superar tan irreversibles pérdida y Dios que conoce nuestro corazón y nuestra alma abatida, nos dará fortaleza y consuelo.

  • NO ESTÁ MAL LLORAR:

“Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días” (Génesis 37: 34-35) No hay forma de saltarnos la etapa de duelo, es necesario desahogarnos. En algunos casos hay culpa, impotencia y muchas preguntas sin respuesta, pero es importante este tiempo para comprender que sentimos, que amamos, y que esa es la razón del dolor. No somos de piedra y sabemos que para Dios no está mal que lloremos, porque hay “Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de lamentar y tiempo de bailar” (Eclesiastés 3:3)

  • TENEMOS UN DIOS MISERICORDIOSO:

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23) Esto es importante, para recordar nuestra posición como seres que deben reverencia y gratitud a Dios. Pues en momentos difíciles, parece que lo viéramos más pequeño que nosotros y le gritamos en su cara: ¿Por qué haces esto? ¡No tienes derecho! ¡Eres cruel! ¡Es mío, no te lo lleves! El dolor nos ciega y olvidamos quien es el Señor aquí. Debemos mirarle como el Proveedor de nuestro consuelo, como el Soberano que tiene el control, como el Dios que por su bondad nos regala un día más de vida, y no como alguien igual a nosotros, seamos reverentes a Él y agradecidos por el tiempo que nos da para vivir y compartir. No guardemos enojo ni quejas, lo mejor es exponer lo que hay en nuestro corazón ante Él con reverencia.

  • LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA:

“Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.” (Eclesiastés 7:2) Comprender que nadie posee la eterna juventud y ser consciente de que todos envejecemos, enfermamos y morimos, hace que valoremos más nuestra existencia y lo que hacemos con ella mientras vivimos.

  •  ÉL QUIERE CONSOLARNOS:

En el evangelio según Mateo, encontramos muchas ocasiones en que Jesús lloró, se lamentó y tuvo compasión de quienes habían perdido un ser querido, Él no es ajeno a nuestro dolor, todo lo contrario, promete darnos consuelo y paz indescriptible: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Mateo 14:27) es decir, que, a pesar del luto o las situaciones inesperadas, Él nos dará paz, el moldeará nuestro espíritu para mantener la calma aún en esos casos.

  • COMO ORAR CUANDO MUERE UN SER QUERIDO

ORA pidiendo a Dios perdón si has estado enojado con El por la pérdida de tu ser amado

ORA diciéndole a Dios que aceptas su soberanía en todas las cosas que sus planes y sus pensamientos son más altos que los tuyos y que su voluntad es buena, agradable y perfecta aun cuando no lo entiendas

ORA pidiendo que el consolador amado que es El ESPIRITU SANTO traiga consuelo a tu alma y sane las heridas que te dejo la partida de tu ser amado

ORA diciéndole a DIOS que tu vida y la de tu familia está en sus manos y que confías con todo tu corazón en su palabra que se encuentra en Jeremias 29:11 que dice “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza”.

 

¿Cómo orar cuando tengo deudas?

Una de las cosas que más agobia el corazón del hombre son las deudas económicas. A medida que pasa el tiempo las deudas se hacen más y más grandes y para llegar aquí algo debió pasar que hicimos mal.

Las deudas te obligan a trabajar más horas, lo cual tarde o temprano te agotara y les quitara el tiempo a otras cosas que también lo necesitan como la familia, el descanso, el estudio.

Las deudas no son solo cuestión de dinero, la preocupación de no tener con que pagar la deuda, ocasiona estrés emocional, afecta las relaciones con los demás y puede llevar al divorcio y en algunos casos al suicidio.

La preocupación que genera estar endeudado afecta nuestra vida espiritual, física y emocional.

La deuda en si no es pecado, pero endeudarte no es lo más sabio.

Deuteronomio 28:12-13  Reina-Valera 1960     12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas,

 

¿Por qué nos endeudamos?

 

Por qué aparecen situaciones inesperadas y no contamos con dinero para ello, por que consumimos más de lo que necesitamos, por falta de dominio propio al tomar decisiones que no debemos tomar, por que perdimos nuestro trabajo, porque lo planeado no salió como esperábamos, porque pensamos tener todo bajo control y no es así solo Dios tiene el control.

 

¿Cómo debemos orar?

 

Primero pide perdón a Dios por las malas decisiones y el mal manejo de las finanzas, así como la falta de dominio propio.

 

Ora pidiendo a Dios que te provea no, solo para salir de deudas sino también para evitar meterte en ellas, luego espera y confía en la provisión de Dios.

 

Dile a Dios que crees y estas convencido que Él puede ayudarte por su amor y misericordia para contigo.

 

Dile a Dios que de Él son todas las cosas y que dé El viene el poder para hacer riquezas y, por lo tanto, Él te puede ayudar.

 

Dile a Dios que reconoces que no puedes salir de la situación en la que estas a menos que Él te ayude.

 

Pídele a Dios que te de sabiduría para administrar tus finanzas.

 

Dile a Dios que Él te puede ayudar más allá de lo que piensas o imaginas, pero que también te ayude a cambiar los patrones y hábitos que te hicieron estar en esta situación.

 

Dios quiere ayudarte y tú debes estar en la disposición de aprender la excelencia en la mayordomía.

 

 

Cómo orar cuando soy el único creyente en casa

 

 

Por Marlon Hernández 

 

Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa (Mateo 13:53-57).

 

Como podemos observar, hablarle a la gente sobre Jesús es difícil, especialmente en nuestra propia casa, sobre todo si nunca han tenido una experiencia personal con Cristo. Si hubiese alguien que se sienta mal debido a que los de su casa lo han rechazado, ¡el Señor Jesús  pasó por algo similar! Su propia familia y todos los del pueblo no creyeron que fuera el mesías (Juan 7:5).  

 

Cuando en nuestra casa somos los únicos creyentes, lo más importante para recordar es que Dios es soberano y Él es quien cambia los corazones de las personas, así que nuestra opción como verdaderos hijos de Dios es orar. Esto siempre es lo mejor que se puede hacer porque cuando oramos, expresamos tanto nuestra dependencia de Dios como  nuestro amor por la familia. Al orar estamos expresando el deseo de que se salven, que por cierto, también es el deseo de Dios, sin embargo, orar es una actividad donde se debe tener mucha fe y paciencia. Esta actitud implica que confiamos en que Dios ama a nuestra familia y que está actuando a pesar de las circunstancias por el bien de ellos y por el nuestro.

 

En tal caso, lo que debemos hacer es comenzar cada día con la Palabra de Dios y con oración. Esto hará que nuestro corazón se enfoque en Dios, y también evitará que cualquier circunstancia adversa se establezca en nuestro día. Recordemos que la Biblia dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;” (2 Corintios 9: 8). Inmediatamente después, debemos agradecer a Dios por Jesucristo y por nuestra salvación.

 

Es importante agradecer también porque no solo somos parte de una familia terrenal; también somos parte de la familia de Dios y somos sus hijos para siempre. Después de esto, entonces es el tiempo de orar vehementemente por nuestra familia. Muchos de ellos piensan que están en el camino correcto de la vida y no pueden imaginarse viviendo de otra manera así que debemos orar para que les sea revelado que el camino de Dios es mucho mejor que el de este mundo. 

 

Ser el único cristiano en la familia  puede ser incómodo, pero tratemos de verlo como una oportunidad para ser un portador de buenas nuevas. Por ejemplo, ¿Alguien de la familia necesita aliento? Si es así, debemos intervenir. Toda circunstancia es una oportunidad para que el Señor se muestre como un Dios vivo, un Dios que restaura y como el Dios de lo imposible.

 

Después de la oración, la forma más eficaz de manifestar nuestra fe a la familia no cristiana es la forma en que vivimos. Como cristianos, estamos siendo cambiados para ser cada día más como Jesús. Este es un cambio en el que estamos llamados a participar activamente. En Colosenses 3, Pablo habla de quitarnos el viejo yo pecaminoso y ponernos el nuevo yo. Este nuevo yo, se caracteriza por un revestimiento de paciencia, amor, bondad, etc. Tales características en nuestra vida son evidentes para nuestros familiares y les muestran el poder y el respaldo de Cristo en la vida de sus hijos.

 

Por ultimo, la Biblia dice que el rey Salomón fue el hombre más sabio que jamás haya existido. Otros reyes y sabios vinieron de todo el mundo antiguo para traer tesoros a Salomón y recibir su consejo. ¿Cómo se volvió tan sabio? Sencillo, cuando Dios le dijo que podía pedir lo que quisiera, Salomón pidió sabiduría. Jesús nos dijo que pidiéramos y recibiríamos, así que debemos pedir sabiduría para relacionarnos con nuestros familiares que no le conocen.  Lo mas importante es recordar que nunca estamos solos. Incluso si somos los únicos cristianos en la familia. El Espíritu Santo está en nosotros para ser consejero y consolador además,  para llevarnos a interceder por cada miembro de la familia. 

 

A pesar de que a todos nos encantaría ver a nuestros seres queridos ser salvos hoy mismo, tenemos que recordar que toda respuesta se basa en el tiempo de Dios, Su tiempo es siempre perfecto. Mientras tanto, no dejemos de orar hasta que llegue la respuesta.

 

Cómo orar cuando estoy solo

Por Luis David Meneses 

Los días especiales para reunirse: un cumpleaños, un aniversario, la navidad, el año nuevo, no son días felices para todos, especialmente si nos encontramos solos. Mientras que el resto del mundo se concentra en celebraciones y espera dar carpetazo a los infortunios de la crisis en la que vivimos, parece que la soledad se expande en nuestra casa, en nuestro cuarto, incluso en la oficina de nuestro trabajo o en la calle por la que andamos a diario. Al parecer, en nuestros momentos de soledad lo único que tenemos es espacio. Espacio y tiempo. Es por esto que suelen incomodarnos las ausencias: porque el espacio sin compañía parece enorme y el tiempo avanza con desesperante lentitud. Pero es en ese espacio donde la oración nos prepara para reflexionar y revalorar nuestra posición en las situaciones que enfrentamos. 

Si la soledad nos ataca en los peores momentos, la oración es un arma eficaz para hacerle frente. No solamente nos conecta con lo eterno, sino que nos conecta con lo interno. Los grandes encuentros que Dios ha tenido con la humanidad han sucedido cuando alguien se encuentra en soledad. Recordemos su encuentro con Abraham afuera de la carpa; la entrevista con Moisés desde la zarza ardiendo; la adopción de Rut como parte del libaje escogido; el consuelo para David en la cueva de Adulam; la promesa para Ester mientras avanzaba hacia la cámara real; el llamamiento de María antes de su matrimonio con José. Cada uno de ellos experimentó la cercanía con el creador del universo, y al mismo tiempo supieron atender lo que dicho encuentro había revelado en sus propios corazones.  

Por estas razones, hemos decidido ofrecerte aquí una serie de recomendaciones acerca de cómo puedes orar durante esos momentos en que la soledad parece no tener fin: 

1. Exprésale tu sentir a Dios 

Si alguna vez te has puesto sincero con tus amigos o familia, sabrás que decir la verdad y nada más que la verdad puede provocar problemas en nuestras relaciones interpersonales. Sin embargo, con Dios no sucede así. De hecho, las conversaciones más sinceras con Dios hechas por hombres y mujeres en sus peores momentos de soledad han sacado a relucir el propósito de Dios para sus vidas. No sin antes, claro está, haberle reclamado a Dios un buen par de cosas. 

Si quieres saber más, puedes leer: 1 Samuel 1:9-18; Génesis 15; Hechos 9:10-19.

2. Escucha la respuesta de Dios  

Muchas veces, cuando nos encontramos solos, le preguntamos a Dios el por qué. También le preguntamos por qué nos pasan cosas malas, o por qué se han cebado todos los proyectos que hemos emprendido. Solemos atacarlo con preguntas y preguntas; pero no siempre estamos dispuestos a escucharlo. Muchas veces, en nuestros tiempos de soledad, la falta de alguien con quien hablar nos hace más sensibles a la voz de Dios, que se comunica con nosotros de las maneras más insospechadas. 

Para recordar algunas maneras extravagantes en las que Dios le habló a alguien solitario, puedes leer: Números 22:21-36; Génesis 24:12-27; Jueces 6:33-40. 

3. Medita en la palabra de Dios

Cuando Dios provee respuestas a nuestras situaciones, la soledad es un buen espacio para meditar en ello. Busca un espacio para estar a solas con Dios; un espacio en donde puedas hablar con toda sinceridad, en voz alta. No necesariamente tiene que ser un espacio cerrado. Abraham, por ejemplo, solía estar a solas con Dios afuera de su carpa; David, en el campo mientras pastoreaba los rebaños de su padre; Deborah, bajo una palmera. Para saber más de estas historias, puedes leer: Génesis 12, 18; 1 Samuel ; Jueces 4. 

4. Actúa con fe en Jesús

En medio de la soledad, Jesús nos llama a la acción. Así lo hizo con Mateo, y lo hizo con Pedro, cuando los llamó al ministerio. Así lo hace contigo y conmigo cada día. Y nuestra acción comienza con la voluntad para comunicarnos con él. Es decir, no tenemos un Dios que se mantenga lejano a nosotros en medio de las situaciones complicadas de nuestra vida, sino uno que camina a nuestro lado, y que nos guarda en cada circunstancia. Si entendemos que nuestra oración es, primordialmente, un acto de comunicación con Dios, y que él siempre la responde, entonces entenderemos que en realidad nunca hemos estado solos. 

 

¿Cómo orar cuando estoy enfermo?

 

Por Marlon Hernández 

 

Desde tiempos inmemoriales, cada vez que los judíos se encontraban en situaciones difíciles, ya fuera individual o colectivamente, abrían el Libro de los Salmos y usaban las eternas alabanzas poéticas del rey David para pedir a Dios su intervención divina. Para muchos no es un secreto, pero si supiéramos el poder de los Salmos y los efectos en nuestra vida, los oraríamos constantemente ya que las promesas de los Salmos detonan el poder de Dios sobre nosotros. 

 

Ya sea que pasemos por algo simple como la gripe, o tal vez una enfermedad crónica, puede ser difícil encontrar consuelo cuando el cuerpo se siente débil. Afortunadamente, la Biblia ofrece una gran cantidad de aliento para esos momentos. Aquí hay algunos Salmos a los que podemos acudir si nos encontramos enfermos.

 

  • Salmo 6: Dios nos escucha

A veces, cuando no nos sentimos físicamente bien, lo único que necesitamos es que alguien se ocupe de nosotros y nos acompañe para mitigar nuestra angustia. Necesitamos que alguien nos escuche. El autor del Salmo 6 conocía bien el dolor de la enfermedad por lo que decididamente levanta un clamor y le ruega a Dios: 

 

Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada;

Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?

 

El Salmo termina con el útil recordatorio de que el Señor escucha nuestro clamor y por misericordia, acepta nuestra oración. Así que podemos descansar en la verdad de que no importa cómo Dios decida responder, lo primordial es que Él escucha y acepta nuestras oraciones.

 

  • Salmo 38: No estamos solo en esto

La mayoría de los Salmos apuntan a la fidelidad perdurable de Dios y la liberación eventual de su pueblo. Inclusive en los peores escenarios, podemos encontrar una enorme cantidad  de aliento por ejemplo, en el Salmo 38 donde David escribe una letanía de sus sufrimientos. “No hay salud en mi cuerpo”, se lamenta. Sus heridas supuran y hieden, su espalda está llena de dolor etc. Aunque parezca difícil de aceptar, es bueno leer que nuestro sufrimiento no es único. Hay consuelo al recordar que incluso (o especialmente) los amados de Dios han soportado enfermedades tan malas, o mucho peores, que las nuestras con la ayuda de Dios.

 

  • Salmo 41: Dios es Sanador

El Salmo 41 contiene quizás el versículo más reconfortante de todas las Escrituras para cualquiera que esté luchando contra una enfermedad: El Señor lo sostendrá en su lecho de enfermo; en su enfermedad, restaurarás su salud.

Este Salmo testifica de la gracia sustentadora que ofrece el Señor a nuestras almas cuando nuestros cuerpos nos fallan. Es una gran promesa digna sembrarla en nuestros corazones.

 

 

  • Salmo 35: Lucha contra la enfermedad

En el Salmo 35, David le pide al Señor que lo defendiera de los que contra él contendían refiriéndose al ejército del rey Saúl que persiguió a David mientras huía por el desierto. Pero en la práctica, este Salmo puede ser usado como un grito de guerra contra los agentes invasores que asaltan nuestros cuerpo durante una enfermedad. Podemos referirnos a los atacantes como las bacteria o virus que nos están enfermando y orar para que, como los perseguidores de David, sean esparcidos lejos. En una hermosa y final afirmación, este Salmo termina declarando que Dios ama cuando sus hijos están sanos: El Señor se deleita en el bienestar de su siervo.

 

En síntesis, los Salmos no solo ofrecen aliento para la recuperación durante la enfermedad, sino que nos recuerdan que el sufrimiento es parte de la condición humana pero la naturaleza de Dios es intervenir a favor de sus hijos cuando padecen alguna enfermedad. La comprensión de Dios y la compasión por los enfermos se manifiesta de manera clara y fuerte en estos poemas antiguos. ¡Que encontremos consuelo y sanidad al leerlos y que nos encontremos con el Dios que sana!

 

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