¿Recuerdas cuando fue la última vez que tu boca se llenó de risa?  ¿Cuándo fue la última vez que entonaste cantos alegres? Quizás fue en tu ultimo cumpleaños o inclusive, en la pasada navidad. Ya sea que fuese ayer o hace mucho tiempo atrás, todos hemos tenido un día en el cual, se desbordó de completa alegría nuestro corazón. Ahora, alguno podrá decir que éstos momentos lo que menos se manifiesta en las calles es alegría, sin embargo, no todo esta perdido. En el Salmo 126 es evidente el paso que transita el pueblo de Israel de un lugar de desesperación a un lugar de paz. Del cautiverio, al lugar del cumplimiento.

 

Cuando atravesamos momentos de profundo dolor, el Salmo 126 es una medicina efectiva para el alma debido a que lleva un poderoso mensaje de esperanza. El texto nos hace ver que los tiempos de problemas y penas no duran para siempre. También afirma que Dios convierte el dolor en alegría y las lágrimas en risa. Incluso nos dice qué se debe hacer mientras esperamos el tiempo de la respuesta del Señor. 

 

Las palabra de Dios nos enseña que recordar las cosas buenas que algún día nos hicieron sonreír, es una forma poderosa de enfrentar los problemas en el presente. Dios nos hace ver que la vida alguna vez fue buena, y que va a volver a serlo. También, debemos tener claro que muchas de las satisfacciones del pasado, llegaron porque alguna vez las soñamos. Vivimos en carne propia lo que dicen los hombres de fe: si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Sabemos que son momentos difíciles pero, cuando los días buenos vuelvan, cuando veamos un pequeño vislumbre de mejoría, ¡alegrémonos, es el tiempo de la restauración! La actitud que tuvieron los israelitas, es la misma para para nosotros hoy: En tiempos de crisis, debemos soñar. 

 

Cuando Dios te entrega algo grande, al principio parece que todo es un sueño. Por ejemplo, los judíos habían experimentado setenta largos años en cautiverio, y luego, en un momento, Dios cambió las cosas. ¡Estaban en estado de shock! No podían creerlo. Era demasiado bueno para ser cierto. Al leer el texto, hasta podemos imaginar algunos de ellos diciendo: Alguien me pellizca, debo estar soñando. Era imposible regresar a la tierra santa. Pero no era mentira, ¡Dios lo había hecho! Ahora estaban de regreso en Jerusalén, en Sion, el lugar donde Dios habita con su pueblo. Precisamente esto es lo que nos depara en los próximos meses. El cumplimiento de lo imposible. Ver a Dios restablecer el orden, la salud y la paz en nuestro entorno.

 

El habito de soñar nos ayuda a reconocer cómo Dios nos ha ayudado en el pasado. Y luego, en segundo lugar, nos da confianza en que Dios va hacerlo de nuevo. La historia Bíblica nos dice que los cautivos estaban de vuelta en Jerusalén, pero aún quedaba mucho trabajo por hacer. Necesitaban reconstruir el templo y reconstruir los muros. Enfrentaron el desánimo desde adentro y la oposición desde afuera. Dios había obrado una gran liberación con ellos en el pasado. Ahora necesitaban confiar en que él iba hacerlo nuevamente. Para empezar,  necesitaban soñar en esa ciudad reconstruida y visualizarse como parte importante de la restauración de todo Israel. 

 

Este es un momento donde necesitamos orar no solo por nosotros sino por todo nuestro entorno. Orar para que Dios nos haga soñadores en tiempos de crisis. El regreso del cautiverio para Israel fue algo que solo Dios podía hacer. Y de la misma manera, nuestra restauración como nación, es algo que solo Dios puede hacer. Hay que soñarlo, hay que verlo, hay que creerlo. ¡Lo juró, lo hará; escrito está!